Por Lilian Cid
Hace 8 años, Silinda levantaba su primer oro mundial entre las menores de 18 años en Nairobi, con un disco que voló hasta los 52.89 metros.
Hace 7 años, en el Mundial Sub-20 de Tampere, fue tercera con 55.37m. Allí ganó Alexandra Emilianov, la moldava que hoy, en Tokio, terminó en el décimo lugar.
Hace 4 años, en Cali, se colgaba el oro de los Panamericanos Junior.
Hace 2, se coronaba campeona centroamericana y se quedaba fuera del podio, cuarto lugar en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile. Izabela da Silva (BRA, 9ª en Tokio) se llevó el oro, seguida de Andressa de Morais (BRA, fuera de la final) y Samantha Hall (JAM, 12ª en Tokio).
Hasta hace apenas 3 años, Silinda Oneisi Morales era la tercera figura de Cuba, y desde esa distancia miraba cómo sus compañeras de selección escalaban podios y se codeaban con las mejores del mundo en todos los circuitos de élite.
En un abrir y cerrar de ojos, las circunstancias la situaron ante la responsabilidad de asumir —sin haberse quitado aún el polvo de la juventud— el liderazgo de una especialidad gloriosa. Fue también hace dos años cuando envió por primera vez su disco más allá de los 65 metros.
Hoy, con 25 años recién cumplidos, Silinda hizo volar el disco hasta 67.25 metros, un registro personal masivo (+1.45 m), que la llevan a “retratarse” junto a esas grandes del disco mundial que alguna vez miró desde lejos.
Es una medalla de bronce en un campeonato de alto nivel, dominado por Valarie Allman (69.48) y Jorinde Van Klinken (67.50). Un bronce que también defiende con fuerza el lugar de Cuba entre las potencias del mundo.
Tenemos un linaje inmenso: de Carmen Romero a María Cristina Betancourt; de Maritza Martén a Hilda Elisa Ramos (su entrenadora); de Yarelis Barrios, Yaimé Pérez y Denia Caballero. Y más atrás aún: Bárbara Echavarría, Alejandrina Herrera, Caridad Agüero y la múltiple Hilda Ramírez.
Un bronce que sabe a oro, que reafirma la tradición y nos recuerda lo que se siente en el corazón cuando las sorpresas son así: agradables. Un bronce que demuestra que la constancia es la que obra el milagro.
Yo lo decía en la TV que Silinda sería finalista. Con siete de los diez mejores registros de su vida en esta temporada, la consecuencia lógica era ir a más, ir a mejor. Hoy, se ha superado.
No es solo su entrada oficial a la élite, es, sin dudas, una medalla histórica para Cuba en el lanzamiento del disco. Fue en su tercer intento cuando salió el disparo que la colocó en el podio, confirmando un progreso masivo y regalándole un momento inolvidable para su aun joven carrera.
Un bronce que sabe a mucho, que señaliza un antes y un después. Una actuación que merece todos los titulares y que nos ilumina este amanecer.
El atletismo cubano suma su primer podio y nos recuerda que, a pesar de los pesares, tiene el irremediable poder de arrancarnos sonrisas, de salvarnos, de ser un faro en medio de la tempestad.
Enhorabuena muchacha. Enhorabuena, Hilda Elisa.
Lo has hecho bien.
Lo has hecho lindo.
Sí, lindo.
Sí, Linda.
👉 Secuencia de Silinda: 65.11 – X – 67.25 (PB) – 63.57 – 62.52 – 61.42.
📸: Alien Garcia / desde el estadio
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