1475680377_908180_1475680594_sumario_normalPor: Juan Cristóbal Guarello/ChileAs

“Esta pista que tienen ustedes acá, es mejor que la que hay en Cuba para que entrenen los atletas olímpicos”. Los alumnos de la universidad Mayor quedaron mudos ante un mulato imponente, que desde 1.96 metros, cantaba una verdad del porte del continente americano: un campeón no se hace sólo con dinero, tecnología o implementos de última generación, como tanto se alega en Chile, hace falta vocación, amor por la disciplina y voluntad.

Y el hombre que charla con los muchachos sabe mucho de esto: Javier Sotomayor va a cumplir los 48 años (13 de octubre de 1967) y pese a que se retiró el 2001 aún se mantiene como el récordman mundial del salto alto. Los sensacionales 2.45 metros logrados el 27 de agosto de 1993 en Salamanca aún no han sido derribados, pese a que una nueva camada de aspirantes que ya se empinó sobre los 2.40 metros: Muttaz Barshim (Qatar), Bohdan Bodarenko (Ucrania), Derek Druin (Canadá) e Ivan Ukhov (Rusia).

Sotomayor nos recibe en un pequeño hotel de la comuna de Providencia. Viste de impecable sport y se mantiene muy bien físicamente, como si en cualquier momento lo fueran a llamar al foso de salto. Cuenta que cuando estaba en la escuela de su natal Limonar, un pequeño pueblo de Matanzas, por obligación debió aprender cada una de las disciplinas atléticas: “agradezco que haya sido obligatorio porque en un principio, de todas las pruebas atléticas, era la que menos me gustaba. Le temía a las alturas. No me gustaba para nada. Cuando yo comencé en Limonar no había ni colchonetas”. Cuando le perdió el miedo a saltar el ascenso fue imparable: a los 14 años pasó los dos metros, a los 15 ya estaba en 2.17 y a los 16 batió el récord iberoamericano superando los 2.33 en La Habana. En 1988 batía la marca mundial alcanzando los 2.43 en Salamanca y al año siguiente levantó el listón hasta los 2.44 en Puerto Rico. En 1993, nuevamente en Salamanca, dejaba el récord muy arriba, en los celestiales 2.45.

-Este es el año en que usted vaticinó que le iban a quebrar su marca y no se dio.

No se dio, Bodarenko no hizo buenas marcas, Barshim si lo ha hecho, 2.41 el año pasado y 2.40 este año, en sólo una ocasión por temporada. Drouvin de Canadá no creo, es un saltador para competencia, saca medallas siempre, es muy estable, pero no creo que pueda llegar a 2.46. Es como el polaco (Artur) Partyka en su tiempo, que era un gran saltador, que en todas las competencias estaba en podio, pero que nunca lo vi con las posibilidades de hacer récord del mundo.

-¿Cómo fue ese momento en Salamanca, había batido el récord cinco años antes en la misma pista?

Fue una coincidencia de que haya sido Salamanca. Una semana antes estuve compitiendo en Londres. Cuando pasé los 2.37, salí de la colchoneta y se puso a llover. Pasé los 2.40 y paré, porque yo no era bueno cuando la pista estaba mojada por mi técnica, tenía que cambiar totalmente mi forma de saltar. El récord iba a ser en Londres y no fue producto de la lluvia. Todo se conjuró para que fuera en Salamanca.

-¿Qué sintió cuando superó la altura, pero la varilla quedó temblando porque la rozó

Para la vista, para el espectador, puede parecer que se roza mucho o se roza poco. Pero nosotros los saltadores sabemos, no en un 100%, cuando la varilla se va a caer o no. Por la forma en que se roza el listón. A veces se roza menos, es lo que ve el público, y estamos convencidos que se va a caer. Cuando hice el récord mundial, sabía que no se iba a caer.

-¿Creyó que el récord iba a durar tanto tiempo?

No, desde que hice mi primer récord mundial en 1988 (2.43), nunca pensé que después de 28 años nadie iba a superar mis marcas. El ambiente en ese tiempo era más competitivo que ahora, agradezco mucho que me haya tocado la mejor época del salto de altura. Cuando había muchos saltadores sobre los 2.40 (Patrik Sjoberg, Sorin Matei, Igor Paklin, Rudolf Povarnitsyn, Carlo Thränhardt) y otros tanto sobre los 2.38 o 2.37 y cada una de las competencias eran muy fuertes. Yo me di la tarea de ser el mejor del mundo y para ser el mejor del mundo tenía que saltar más que ellos.

26112014-atletismo-sotomayorDeporte en Cuba hoy

Sotomayor fue parte de una camada brillante del atletismo cubano, donde destacaba la doble campeona mundial de 400 y 800 Ana Fidelia Quirot, el cuatrocentrista Roberto Hernández, el saltador de largo Iván Pedroso, el lanzador de disco Roberto Moya, la campeona olímpica de disco Maritza Martén o la saltadora de altura Ionamet Quintero. Las cosas no son tan auspiciosas hoy.

«No estamos pasando por la mejor época. Tenemos atletas muy buenos, con mucho talento, pero no en la cantidad de atletas que teníamos antes. En los ochenta, en los noventa y hasta principio de los dos mil, siempre podíamos sentirnos orgullosos de ir a cada competencia, a cada mundial, a los meetings en Europa con un equipo grande en cantidad y grande en calidad», dice.

-Ahora las grandes potencias económicas les “roban” deportistas a los países más pequeños. Cuba lo ha sufrido más que nadie: los vallistas Ortega y Copello por ejemplo.

Claro que nos afecta, caso en los recientes Juegos Olímpicos de Río, donde atletas cubanos, no sólo en atletismo sino que en otros deportes, en voleibol, en natación, en boxeo, yudo, lucha, gimnasia, participando por otros países que fueron medallistas.

– ¿La presión es muy fuerte o se puede aguantar y defender a tu país?

Desde mi punto de vista, yo siempre defendí a mi país, yo siempre he defendido a mi bandera, en cada una de las competencias, en cada uno de los escenarios, dentro del deporte y fuera de él. Pero, bueno, cada uno tiene determinaciones personales, tendrán sus motivos, lo que yo digo y creo sin temor a equivocarme que el 99% de los atletas que han tomado esa decisión no han sido por razones políticas. Como hace poco me preguntaron “si huyeron” y no es que hayan huido, de alguna represalia, algún maltrato, algo así. Les ofrecen más dinero, una remuneración mucho mayor y otros que lo hacen por probarse en otros niveles, como el caso de los voleibolistas.

-Usted fue tricampeón panamericano (1987, 1991 y 1995), olímpico (1992) y mundial (1993 y 1997) en un momento muy difícil de Cuba ¿Qué significaba para los cubanos en medio de todas las restricciones económicas del período especial?

Paradójicamente en el tiempo económicamente más difícil para nuestro pueblo y para nuestro país, pero fue de las etapas que mejores resultados tuvimos. El ’91 le ganamos a Estados Unidos en los Panamericanos de La Habana; en 1992 logramos el quinto lugar en los Olímpicos de Barcelona, a una medalla de China que fue cuarto; en el año 93 en los campeonatos mundiales de atletismo tuvimos gran resultado; el año 95 fuimos terceros por países en el Mundial… te estoy hablando del caso del atletismo, pero igual en muchos deportes, en yudo, lucha, baloncesto, voleibol, boxeo… en muchos deportes en Cuba en esa época éramos de los mejores del mundo. Creo que le dimos mucha satisfacción a los cubanos, que lo necesitaban.

-En Cuba se criticó la falta de actitud de algunos deportistas en Río de Janeiro.

Algunos se vieron con la falta de ese espíritu deportivo que siempre ha caracterizado al cubano, que se entrega hasta el último aliento.

-¿Será algo generacional?

Ellos no piensan o actúan como nosotros, sí, pienso que tiene que ver con la generación actual.

DOPAJE

La IAAF con Sebastian Coe al mando, hizo muy estrictos los controles de dopaje y sacó a Rusia de los últimos Juegos de Río. En Ríos 2016 algunas pruebas, como el salto alto femenino o el martillo masculino, retrocedieron 40 años en sus marcas ganadoras. A Sotomayor el tema le toca de cerca: fue sancionado por cocaína en los Panamericanos de 1999 y una vez retirado se le acusó de usar Nandrolona.

«Lo de la aplicación de controles debe seguir persistiendo, no se debe tener mano blanda, hay que ser cada vez más duro. En el caso ruso tengo una discrepancia, que fueron muy estrictos, porque generalizaron a todo y muchos competidores rusos estaban limpios y los invalidaron. Tenían derechos a asistir a Río, como el caso de Yelena Isinbayeva que iba a participar en sus últimos Juegos Olímpicos y quería ganar una última medalla y creo que estaba en condiciones de hacerlo porque tenía la mejor marca de la temporada (4.90 el 21 de junio)».

-Tuvo un dopaje positivo de cocaína en 1999 en los Panamericanos de Winnipeg después de ganar la competencia fácilmente (2.30).

Yo salté el 29 de julio y me enteré al día siguiente. Fue una acusación injusta que se me hizo. Nunca ingerí eso, mucho menos para saltar. Además, tenía la posibilidad de no participar porque padecía una hernia discal y los doctores me pedían que no saltara en Winnipeg porque a las dos semanas era el campeonato mundial de Sevilla. Y para prepararme para el Mundial yo podía ausentarme por la hernia. Creo que si estuviera consciente de haber ingerido cualquier sustancia prohibida, me hubiera acogido a esa posibilidad de no competir por razones médicas. Y quise saltar para ganar mi cuarta medalla panamericana y ayudar en el medallero a la delegación cubana.

-En su país acusaron que Canadá hizo cualquier cosa para superar a Cuba en el medallero.

Pudo haber sido el motivo ése, pudo haber sido empañar la imagen del deporte cubano, entonces yo era la bandera de los atletas nuestros.

La inevitable política

Hoy Javier Sotomayor es miembro de la Federación Cubana de Atletismo, además de poseer el título de licenciado en cultura física, que lo habilita para ser entrenador. Viaja por el mundo dando charlas y representando la política deportiva de su país. Al contrario de muchos atletas destacados que limitan sus declaraciones a lo estrictamente deportivo o se dedican a hacer publicidad disfrazada de entrevistas, Sotomayor no esquiva las preguntas contingentes.

«En muchas entrevistas he dicho esto: a los brasileños nadie les pregunta por Dilma a ningún argentino si está de acuerdo o no con Macri o a ningún americano qué piensa de la guerra de Irak. A los cubanos siempre se les pregunta de política, si estamos a favor de Fidel, si estamos a favor del sistema nuestro, esa es una pregunta habitual a todo atleta cubano».

-¿Cómo ves ahora que hay embajada de Estados Unidos, que se van distendiendo las cosas, que las relaciones se van normalizando?

Los cubanos nos sentimos bien contentos, hay una expectativa grande la que estamos viviendo, pero estamos conscientes que los cambios no se van a ver tan pronto, que van a ser a largo plazo. Se ha dado un gran paso con la apertura de relaciones diplomáticas, de abrir embajadas, otras cosas no han sido tan rápidas. Se ha hablado que han quitado el bloqueo, pero no se ha hecho nada al respecto.

-¿Cree que el deporte se va a profesionalizar en Cuba? ¿Qué los boxeadores serán profesionales que los peloteros se van a ir a Estados Unidos de manera regular?

De hecho, ya lo está habiendo. No en el caso del boxeo, pero bueno, hay una liga semiprofesional a nivel mundial, donde los cubanos hemos sido campeones. Y en el caso del béisbol, nosotros estamos involucrados en varias ligas profesionales, sobre todo la japonesa. Lo que no estamos involucrados es en la liga americana porque producto del mismo bloqueo. Los americanos exigen a los cubanos desistir de su nacionalidad para jugar ahí. No puede ser cubano, tiene que nacionalizarse dominicano, haitiano, mexicano, cualquiera, menos la cubana.