Por Eddy Luis Nápoles Cardoso
La brillante carrera atlética de Ana Fidelia Quirot es rica en grandes acontecimientos y realizaciones, pero hoy no relataré sobre sus medallas olímpicas ni sobre sus títulos y preseas mundiales. Hoy les comentaré algunas facetas competitivas poco conocidas de la Quirot: sus inicios al máximo nivel y las temporadas previas a su gran éxito en Barcelona 1989.
Un inicio junto a Kratochvilová, Koch o Bryzgina
Sus primeros pasos en el atletismo de alto nivel, quizás por casualidad o por obra del destino, estuvieron marcados por la presencia de encumbradas atletas en carriles cercanos. Tal fue el caso de la alemana Marita Koch (400 metros) y la checa Jarmila Kratochvilová (800 metros), ambas actuales poseedoras de los récords mundiales en sus respectivas pruebas.
Es posible que su despegue hacia la élite mundial haya estado signado por el quinto lugar ocupado en una serie semifinal de 400 metros en aquellos olvidados Juegos de la Amistad, celebrados en el verano de 1984 como alternativa a la no asistencia del entonces bloque socialista a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. El atletismo tuvo por sede a Moscú (masculino) y Praga (femenino). En la entonces capital checoslovaca, actual República Checa, Ana Fidelia vio terminar delante, en la serie uno, a grandes atletas: Mariya Pinigina (49.98), Marita Koch (50.29), Tatana Kocembova (50.58) y Rositza Stamenova (50.82), mientras ella hizo 50.87 segundos, quedando marginada de la carrera final.
Al año siguiente, triunfos en Nassau (50.96) y San Juan (50.88) le abrieron las puertas a la Copa del Mundo en Canberra, Australia, como integrante del equipo América II. Quirot ni remotamente posó entre las protagonistas de esa cita celebrada en la tierra de los canguros, pero tuvo el honor y el derecho de estar presente en la carrera que aún marca el patrón del mundo entre las mujeres, ganada por Marita Koch con 47.60. Quirot (50.86) terminó cuarta, antecedida también por Olga Bryzgina (48.27) y Lillie Leatherwood (50.43).
En ese propio 1985, exactamente el 22 de junio durante el Memorial Rosicky en Praga, la inteligencia visionaria de Blas Beato la llevó a realizar su primera aparición en los 800 metros. Ana Fidelia solo vio las espaldas de Jarmila Kratochvilová (1:56.57) y de Ella Kovacs (1:56.92), terminando tercera con 1:59.45, un excelente debut.
Sin asistir al tradicional circuito europeo, lo más destacado de la temporada 1986, aparte de los títulos en Santiago de los Caballeros, aconteció en casa, donde Quirot logró mejorar sus marcas personales hasta 50.41 y 1:58.80.

Roma: confirmación en la élite de los 800 metros
El siguiente año sería complejo, pues la maestría profesional de Blas Beato la llevó a simultanear con paridad de éxitos en ambas pruebas. Por una parte, estaba la cita panamericana en Indianápolis, donde Quirot debía asumir la responsabilidad de aportar dos títulos; y por otra, el Campeonato Mundial en Roma, con los 800 metros como única prueba condicionante.
Con la mirada puesta primero en los Juegos Panamericanos y seguidamente en el Campeonato Mundial, prevaleció la presencia de Ana Fidelia en los 800 metros. De las 17 carreras realizadas durante el periplo competitivo, 11 fueron en esta última prueba.
Nuevamente, el Memorial Rosicky en Praga sirvió como debut, con 1:58.20; seguido de los Bislett Games en Oslo, donde cedió (1:58.40) ante la rumana Doina Melinte (1:57.94); dos días más tarde terminó tercera en el Gran Prix de Budapest con 1:58.49 (Colovic, 1:58.16 y Kratochvilová, 1:58.32). A mediados de agosto, entre el 13 y el 16, solventó cómodamente su compromiso panamericano en ambas pruebas, con 50.27 en 400 (en semifinales había realizado 50.12) y 1:59.06 en 800 metros.
En el horizonte quedaba la cita mundial en la capital italiana, a finales de agosto. También allí había objetivos que cumplir. Tres días después del último éxito panamericano, Ana Fidelia regresó al exigente circuito europeo y lo hizo primero con triunfo en la Weltklasse de Zürich (1:58.82) y el 21 repitió el éxito en el ISTAF de Berlín (1:56.56). En ambas carreras la escoltaron Slovodanka Colovic y Doina Melinte; este último resultado confirmaba que la “Tormenta del Caribe” estaba lista para asumir su primer mundial, de los cuatro que contaron con su presencia.
En el Estadio Olímpico de Roma, Quirot dominó sin contratiempos su heat de primera ronda (2:01.99). Durante las semifinales mostró “condiciones” para aspirar a ocupar un puesto en el podio: apellidos ilustres la vieron liderar la serie uno con 1:57.96 (Wodars-Grau, Gurina, Kratochvilová). Pero la final, al día siguiente, sería otra carrera. En ella estaban involucradas las dos últimas poseedoras del récord mundial, aunque sin el protagonismo de años pasados: Jarmila Kratochvilová (1:53.28) y Nadezhda Olizarenko (1:53.43). También lo hizo la veterana Lyubov Gurina, mientras que la nueva generación, de la cual Quirot formaba parte, estuvo representada por las alemanas Sigrun Wodars-Grau y Christine Wachtel. Las germanas, acorde con lo acontecido previo a Roma, hicieron el uno-dos (1:55.26 y 1:55.32), con Gurina tercera (1:55.56), mientras Ana Fidelia se gastó una soberbia carrera para terminar cuarta, con marca personal y récord para el continente americano de 1:55.86 minutos.
Sin Seúl, pero con Barcelona 1989
A continuación llegaba el año olímpico en el horizonte de Ana Fidelia Quirot y su entrenador Blas Beato. Competitivamente, la Quirot se mostró intratable, con solo dos derrotas en 18 carreras, ambas en la prueba “auxiliar”, los 400 metros. Inició la temporada internacional el 22 de mayo con un sonado 49.62 en Ciudad de México. En junio sumó importantes triunfos en el PTS de Bratislava y el Athletissima de Lausana; en ambos Gran Prix venció a Olga Bryzgina, posterior campeona olímpica en Seúl. En el Nikaia de Niza vendió cara su derrota ante Grace Jackson (49.57), al correr los 400 metros en 49.81, segunda ocasión en el año con un crono inferior a los 50 segundos. Luego venció en el Ibero (México) y en el Van Damme de Bruselas, y fue relegada al cuarto puesto (50.23) en el ASV de Colonia, prueba dominada también por Grace Jackson (49.84).
La planificación de la temporada en los 800 metros estuvo encaminada a lograr su punto culminante en los Juegos Olímpicos de Seúl, con unas siete carreras previas. En esta prueba Ana Fidelia se mantuvo invicta, con triunfos en Saint Lamber, Formia, Villeneuve d’Ascq, Bislett Games de Oslo, Weltklasse de Zürich, Coblenza y Rieti. La cita olímpica era en septiembre, pero finalmente, telarañas políticas auparon la ausencia cubana, por lo que la temporada concluyó para la mayoría de los atletas criollos en el Meeting Diputación de Salamanca, donde Ana Fidelia Quirot venció en 400 metros con 50.10.
Si la temporada anterior había sido excelente, la de 1989 fue perfecta, con 18 carreras e igual número de triunfos. Ana Fidelia realizó ocho carreras en 400 y diez en 800 metros. En esta última prueba, a la potencia de sus piernas se rindieron los principales meetings de la serie Gran Prix, el máximo nivel del circuito europeo en aquel momento.
Comenzó por el Athletissima de Lausana (1:57.95); le siguieron los Bislett Games en Oslo (1:57.51), donde venció a la subcampeona olímpica y mundial, la alemana Christine Wachtel (1:58.21); luego el Nikaia en Niza (1:58.38). En tránsito hacia San Juan (eliminatoria de la Copa del Mundo), participó en los New York Games (1:58.17). De regreso a Europa, con los boletos a Barcelona, venció en la Weltklasse de Zürich (1:58.12) y en el ISTAF de Berlín (1:57.90). Antes de encarar la Copa del Mundo en la Ciudad Condal, saldó con éxitos los Juegos Mundiales Universitarios en Duisburgo (50.73 y 1:58.88).
Llegamos a Barcelona 1989, escenario de la quinta edición de la Copa del Mundo de Atletismo, una competencia por equipos en representación de continentes, que en cierto modo limitaba el óptimo nivel del evento al asistir solo los mejores atletas de cada región. Aunque en los 800 metros el nivel competitivo estaba garantizado con la presencia de la alemana Sigrun Wodars, titular mundial en Roma y olímpica en Seúl, quien lideraba la temporada hasta ese momento con 1:56.82; la rumana Doina Melinte, campeona olímpica en Los Ángeles y tercera en el listado del año (1:57.95); y la “Tormenta del Caribe” (1:57.51).
Ana Fidelia, conocedora de sus potencialidades y consciente de a quién enfrentaba, dejó que Wodars actuara como “liebre”, marcando el ritmo de carrera, pero con la respiración encima de la alemana, para que sintiera su presencia. Al paso sobre los 650 metros tomó el mando de la carrera con un remate final inalcanzable para Wodars (1:55.70), que la llevó a realizar la tercera mejor marca de todos los tiempos, en aquel momento, con 1:54.44, solo detrás de los fenomenales 1:53.28 (Kratochvilová) y 1:53.43 (Olizarenko). Tercera terminó la rumana Doina Melinte (1:56.55).
La campaña en Barcelona incluyó también los títulos en 400 metros, al día siguiente, y en el relevo 4×400, integrando el equipo Américas junto a Charmaine Crooks, Grace Jackson y Pauline Davis-Thompson.
Su excelente desempeño durante la temporada 1989 le valió ser elegida como Atleta del Año por la entonces IAAF, actual World Athletics, única cubana (o) que ha logrado semejante distinción desde su creación en 1988.
Comentarios recientes