En el competitivo mundo del ciclismo de élite, la determinación y la ambición parecen obligatorias. Pero, ¿qué pasa cuando una campeona llega a la cima sin haber planeado llegar tan lejos? Esta es la historia de Arlenis Sierra, la ciclista cubana que, en una entrevista para el PODCAST Pidiendo Pista, revela cómo alcanzó la grandeza casi por accidente.

Un inicio sin pasión

«En verdad, no me gustaba el deporte», admite Sierra con sinceridad. Comenzó a los once años, no por elección propia, sino por la insistencia de su padre, que quería que sus hijos fueran deportistas. En ese entonces, no tenía referentes ni conocía a ciclistas famosos. La idea de competir en Europa con un equipo profesional le parecía tan lejana que ni siquiera lo imaginaba. Con el tiempo, y al convertirse en su principal ocupación, «empezó a gustarme un poco más».

Guadalajara: una victoria inesperada

Su histórica victoria en los Juegos Panamericanos de Guadalajara llegó casi por casualidad. «Mi objetivo no era ganar, sino trabajar para las demás», confiesa. Al escapar en una fuga, rompió el plan inicial y ganó por apenas 14 segundos, una ventaja mínima que le dio la sensación de que “por poco me alcanzan”. Con humildad, reconoce que la victoria fue posible también porque «nadie esperaba que lo lograra».

El ciclismo cubano: retos y sacrificios

Arlenis no olvida sus raíces y habla con claridad sobre los desafíos del deporte en Cuba. Relata cómo los jóvenes ciclistas recorren 120 kilómetros «sin agua, sin nada» por falta de recursos, y lamenta el deterioro de instalaciones, incluido el velódromo. Al mismo tiempo, reconoce lo positivo: el sistema les asegura un plato de comida, algo que muchos en el país no tienen garantizado.

A nivel profesional, también enfrenta la soledad. Ser la única ciclista cubana entre 150 corredoras extranjeras puede ser difícil, aunque en su equipo actual, el Movistar, ha encontrado buena relación con sus compañeras españolas y latinas.

Más allá de la bicicleta

Fuera de la pista, Arlenis se describe como “obsesiva con la limpieza, de carácter fuerte y un poco penosa”. Su personalidad a veces genera roces con sus compañeras, pero también es parte de su autenticidad. A pesar de su fama, se siente más cómoda en Manzanillo, su ciudad natal, donde puede “andar sin zapatos por la calle” y disfrutar de la sencillez de la vida cotidiana.

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