Con 24 años y una marca reciente por encima de los 17 metros, Andy Hechavarría llega al Campeonato NACAC decidido a sellar su clasificación al Mundial de Tokio. El triplista holguinero, heredero de la tradición dorada de la escuela cubana, habla sin rodeos de sus retos, sus aprendizajes y de cómo la disciplina, la técnica y el disfrute de lo que hace son las claves que lo mantienen en la pelea por un lugar entre los mejores del mundo.
Regresar sobre los 17 m, en un año donde no habías destacado por tener resultados de esta magnitud. ¿Qué representa para ti esa marca en este momento?
— El resultado deportivo es la compilación de muchos factores, y lograr que todos estuvieran en línea el sábado 2 de agosto fue una bendición.
Cuba tiene una historia gloriosa en el salto triple, con grandes figuras que han dejado huella. ¿Qué significa para ti formar parte de esa tradición y cómo te inspira en tu día a día?
— El simple hecho de estar en la selección nacional, además de la alegría, es un compromiso con el pueblo cubano y con el deporte revolucionario. Más aún cuando el triple salto es una tradición en cuanto a resultados internacionales.
En tu carrera, ¿cuáles han sido los mayores desafíos técnicos o físicos que has enfrentado y cómo los has superado?
— Desde pequeño, mi entrenador de base me dio una formación multilateral. Era muy bueno en las carreras planas, con vallas y en salto de altura, donde fui medallista en mi etapa juvenil. Gozaba de buena flexibilidad y resistencia. Al llegar al equipo nacional, la especialización hizo mella en mí.
La escuela cubana pone mucho énfasis en la técnica y disciplina. ¿Cómo aplicas esos principios en tu entrenamiento y competencia?
— No solo la escuela cubana del triple, sino el deporte en general exige alta disciplina, enfoque y dominio técnico para lograr los objetivos de cada año y de cada ciclo.
El camino de un atleta no es siempre ascendente. Hay momentos de estancamiento, lesiones, presión externa… En tu caso, ¿cuál ha sido el reto más difícil que has enfrentado como triplista y cómo lo manejaste?
— No solo el camino del atleta tiene altibajos y presión externa; la vida misma tiene esas ondulaciones. Como ser humano, debemos imponernos a las dificultades.
En el salto triple, como en muchas disciplinas técnicas, a veces los mejores registros no terminan siendo oficiales por detalles como el viento. En tu caso, tu mejor salto de 17,11 m no fue homologado por esta razón. ¿Cómo manejas esa sensación de frustración?
— En el deporte es normal lidiar con los elementos naturales. El aire está implícito tanto en competencia como en entrenamiento. A veces influye negativamente, y otras, cuando es a favor, no es permisible. Solo queda reír y volver a empezar.
Fuiste considerado desde joven como uno de los grandes prospectos del salto triple en Cuba. Sin embargo, ese “gran salto” definitivo aún no termina de consolidarse. ¿Qué aspectos crees que todavía debes mejorar para alcanzar el nivel que aspiras?
— Creo que tuve una correcta formación que me permitió destacar en mi etapa juvenil. Era muy técnico y con buena base física, lo que me daba seguridad en competencia, más un entrenador de base que era un tanque en la parte psicológica. Mi limitación comenzó al llegar al equipo nacional: el trabajo no era igual que en la base y eso afectó mi crecimiento, mi flexibilidad, movilidad y resistencia aerobia. Dependía mucho de la velocidad, mi fuerza se desarrolló de forma natural, y mis fundamentos vinieron de muchos saltos generales, especiales y trabajo técnico.
Además del Campeonato NACAC, que ya tienes en la mira, ¿cuáles son los otros objetivos clave que te has propuesto para esta temporada?
— Todo atleta sueña con representar a su país en eventos internacionales. El Mundial de Tokio forma parte de mis objetivos mediatos.
Hoy por hoy estás fuera de los cupos al Mundial. ¿Te ves en condiciones reales de lograr un lugar?
— Muy contradictoriamente, todos los miércoles se actualiza el ranking mundial y, al día de hoy, aparezco en el puesto 33. Son 36 los que deben participar en el Mundial.
Mirando al futuro, ¿cuáles son tus objetivos a corto y largo plazo, tanto en resultados como en legado dentro del salto triple cubano?
— Mi objetivo mediato es participar en el Mundial de Tokio, mejorar mis marcas personales y estar a la altura de los triplistas que me antecedieron.
¿Qué papel juegan tu entorno cercano —entrenadores, compañeros, familia— cuando la motivación flaquea?
— La estabilidad emocional y el apoyo de mi entrenador y mi familia son fundamentales, no solo en mi vida deportiva, sino también en mi vida social.
¿Qué aprendiste de los momentos difíciles que hoy consideras una fortaleza?
— Que son pocos los que te tienden la mano, y que la mayoría solo llega a criticar y hacer leña del árbol caído.
¿Cómo defines tú el “éxito” en tu carrera?
— Para mí, el éxito no consiste en una simple marca o reconocimiento personal. Consiste en ser feliz y disfrutar lo que hago, y en ver a mi familia feliz. Ese es mi mayor éxito.
Desde tu experiencia personal, ¿qué crees que realmente se necesita para triunfar en el deporte actualmente?
— Enfoque, disciplina y adaptación al medio.
Finalmente, ¿qué consejo darías a los jóvenes triplistas que quieren seguir los pasos de la escuela cubana y llegar a la élite mundial?
— Hacer lo que les gusta y disfrutarlo. Eso es lo que lleva al éxito.
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