por: Lilian Cid / Cubahora

El atletismo viene de un 2022 tímido. Un año donde lo que más “sonó” fue el salir del estadio Hayward Field, en Eugene, Estados Unidos, sin haber subido al podio de un campeonato mundial por primera vez en la historia de Cuba en estas lides, pero sobre el que se agolparon diversas situaciones que pusieron este deporte en el punto de mira de especialistas y aficionados.

Bajas, mucho ruido en las redes sociales, abandonos, escasa participación en mítines internacionales de primer nivel y cambio en la dirección de la Comisión Nacional fueron algunas de las cuestiones que trascendieron y que son, sin dudas, hechos que condicionan la valoración de una temporada que se escapó dejando como saldo una única medalla internacional de altos quilates: el oro de Lázaro Martínez en el triple salto del Mundial bajo techo disputado en Belgrado.

El 2023 será intenso. Una temporada donde habrá compromisos que van de principio a fin. Desde los Juegos del ALBA, Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023 (23 junio-8 julio), Campeonato Mundial de Atletismo de Budapest 2023 (19-27 agosto) hasta los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 (20 octubre-5 noviembre), sin olvidar los mítines habituales que ahora son determinantes para sumar puntos para la clasificación a los principales torneos.

En casa también se augura una ruta cargada de competiciones, según contó el comisionado Rolando Carlos Charroo a JIT. La información confirma la realización de la Copa Cuba en el Estadio Panamericano de La Habana del 19 al 21 de mayo, con presencia de las principales figuras locales. No faltarán en la escena los llamados festivales nacionales por especialidades: el Aurelio Janet de lanzamientos (24-26 febrero, La Habana), el Rafael Fortún de velocidad (12-14 mayo, Camagüey) y el Manuel Pérez Ruiz de saltos (26-28 mayo, Camagüey). Y destaca la instauración del Memorial Jesús Molina de Atletismo, una competencia de carácter internacional que se estrena en este 2023, programada del 15 al 17 de septiembre.

De mayo a noviembre el atletismo cubano estará sumamente ocupado, y exigido, teniendo en cuenta que esta es una disciplina que históricamente ha sido puntal del movimiento deportivo cubano y que siempre está en los planes de cosecha de cara a los juegos múltiples.

Ahora bien, la selección cubana actual es joven y aunque el talento que atesora en sus filas es incuestionable, también es una realidad que muchas de esas figuras que ponderamos se han hecho notar gracias a eventos diseñados especialmente para su juventud y que, por consiguiente, aún no están listos para producir un rendimiento que los haga brillar como adultos.

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Cuando miramos en el pasado reciente de estos eventos que estarán en el centro de atención del llamado deporte rey, es inevitable observar el contexto que les precede.

En los CAC Barranquilla 2018, el atletismo cubano sumó 27 podios distribuidos en 10 de oro, 8 de plata y 9 de bronce. De los campeones en suelo colombiano, solo Yorgelis Rodríguez, Rose Mary Almanza, las chicas del relevo 4×400 femenino y el reincorporado Cristian Nápoles; permanecen como representantes de la Federación Cubana.

En Lima 2019 se ganaron 10 preseas, cinco de ellas de oro. ¿Los dorados?: Juan Miguel Echevarría (salto de longitud), Yarisley Silva (salto con pértiga), Yaimé Pérez (lanzamiento del disco), Adriana Rodríguez (heptatlón) y Luis Zayas (salto de altura). Solo estos dos últimos están activos en la selección nacional.

En uno y otro caso será ciertamente difícil repetir esas actuaciones. El panorama atlético de nuestra zona geográfica es hostil. Habrá que lidiar con el empuje de naciones con un trabajo consolidado en los últimos tiempos, como Colombia y República Dominicana, que se suman a habituales como Jamaica, Estados Unidos, Canadá y Brasil. Asimismo, hay individualidades en diferentes países con altísimo nivel que se erigen entre los mejores del planeta y que han sido recurrentes animadores de estos torneos regionales.

El 2023 será un reto; un gran reto para todo el deporte cubano. Por delante hay una temporada enorme, que pondrá a prueba muchas habilidades; las que tienen que ver con lo puramente deportivo, pero también desde lo organizacional. Un desafío a la inteligencia y a la periodización del entrenamiento.

Y llega como una nueva oportunidad (otra) para optimizar la gestión federativa a fin de diversificar las oportunidades que tributen directamente a favorecer el desarrollo y rendimiento de cada atleta.

La World Athletic (WA) es cada vez más comercial, y apuesta abiertamente por un esquema de competencias donde el resultado se bonifica de acuerdo con la jerarquía del evento en que se realice. El ranking de la WA otorga puntos en correspondencia con la categoría del mitin; a mayor glamour -de la reunión- mejor puntaje, y todo ello al margen de lo que deportivamente se logre.

Acá, en Cuba, definitivamente hay mucho para hacer. Si algo será clave, para presente y futuro, es que se pueda cultivar con precisión el talento de esa juventud que predomina en el entorno de la selección nacional. Crear las condiciones y obrar los “milagros” para ofrecerles las necesarias oportunidades competitivas que los lleven a alcanzar los resultados que de ellos y ellas se esperan. Son tiempos de sembrar, en tanto se avanza en pos de recuperar esos terrenos y territorios perdidos sobre los que se gestarán las actuaciones que devuelvan al atletismo cubano la capacidad de regalarnos esas sonrisas a las que nos habíamos acostumbrado.

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