Por José Alberto Portela Aportela

Las carreras de largas distancias son un poema de trabajo en equipo, y esa máxima se hizo presente hace apenas unas horas en la carrera final de 10km, perteneciente al Campeonato Mundial de Atletismo que se desarrolla en la ciudad de Eugene. Cada nuevo evento es una travesía a entregar hasta las últimas fuerzas, pero los compañeros de equipo son el complemento perfecto y necesario para suplir las dificultades que se van presentando en el trayecto.

Las armadas nacionales de Uganda, Etiopía, Kenya y Estados Unidos lucían como las más compactas, además de individualidades destacadas de otras naciones. Desde el disparo de arrancada comenzó a tejerse el plan táctico previsto de antemano, y la historia empezó a construirse. Todos sabían que la victoria final es un fino trabajo de “orfebrería deportiva”, de imponer su estrategia por sobre la de los rivales.

La primera parte de la carrera se desarrolló en un ambiente “apacible”, con una gran cantidad de atletas devorando kilómetros sin que fuera evidente grandes ventajas, hasta que los más rápidos recordaron que en una carrera con esas características cualquier sorpresa puede hacerse presente, y comenzaron a aumentar el ritmo vertiginosamente.

Llegaron en la vanguardia de la carrera a la parte final los más fuertes y la última vuelta fue sencillamente espectacular, triunfando el ugandés Joshua Cheptegei, poseedor igualmente del récord mundial para esta distancia competitiva. Su compañero de equipo Jacob Kiplimo se adueñaría del metal bronceado, lo que significó un premio a tan acertado plan de competencia trazado de antemano.

Excelente, eternas reverencias a Joshua Cheptegei, supo volver a reinar entre un mar de dificultades y experimentados rivales. El presente le pertenece, ha hecho de él un hijo pródigo, siempre presto a vencer en cualquier evento que se presente. Veremos hasta donde es capaz de llegar, aún le quedan muchos capítulos increíbles por firmar en su vida deportiva.

#General.  

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