El atletismo se nos escapa de la pista, y a estos Juegos Olímpicos les queda un suspiro y yo, en tanto se escapa, me aferro a las lágrimas, a la lucha, y la fe.

Primero, lo primero: Cuba finaliza octava en una carrera de relevos histórica. La posta de Zurian Hechavarría, Rose Mary Almanza, Sahily Diago y Lisneidy Veitia marcó 3:26.92 minutos en la final del relevo 4×400 donde se coronó una cuarteta de Estados Unidos llena de estrellas.

Aunque el tiempo de las cubanas se produce en circunstancias que se conjugan para dejar la sensación de que pudo ser mejor, es el segundo mejor de esta cuarteta en el año; solo superado por el histórico 3:24.04 segundos que las trajo a esta final.

Cierto es que la ausencia de Roxana Gómez es condicionante en el rendimiento cualitativo de la posta, pienso que es un gran resultado para este grupo haber corrido una final olímpica. Es la cuarta vez en la historia que mujeres cubanas contienden en esta instancia bajo los cinco aros, y quiebran una ausencia que se extendía desde la edición de Beijing en 2008.

A propósito de historia, Allyson Félix reafirmó su legendaria existencia al ganar el onceno metal en Juegos Olímpicos (7 oro-3 plata-1 bronce) para reafirmarse como la mujer con mayor cosecha y quedarse segunda, solo por detrás del total de 12 medallas que ganó el legendario finés Paavo Nurmi.

Para apuntalar su última salida a la pista del Olímpico de Tokio, no faltaron las estrellas. Estados Unidos presentó una cuarteta de miedo, conformada por las vallistas Sydney McLaughlin y Dalilah Muhammad, la titular de los 800m Athing Mu, además de Allyson Felix.

¿El resultado? El título con 3: 16.85 – el tiempo más rápido del mundo desde 1993- , y dominando de principio a fin. El podio se completó con Polonia con récord nacional de 3:20.53 y Jamaica con 3:21.24 minutos, por su orden.

La fecha competitiva reservó desenlaces espectaculares como el récord olímpico de Jakob Ingebrigtsen para apuntarse el título olímpico de los 1500m con 3:28.32 minutos, la sorpresiva coronación de Neeraj Chopra en el lanzamiento de la jabalina o la victoria de la cuarteta de los Estados Unidos en el 4x400m entre los hombres. También Kenya conservando su dominio en la maratón con Peres JEPCHIRCHIR y Brigid KOSGEI en lo más alto del podio y por supuesto, Sifan Hassan triunfadora de los 10 mil con unos 100 metros fenomenales. Según datos oficiales, firmó un parcial de 13.6 en el último hectómetro, que supera el de Kipyeon (15.4 en los 1500m) y el de Athing Mu (14.0 en los 800m). La holandesa Hassan que iba por una triple corona inédita, terminó sumando el oro en 5000 y 10 mil, además de un gran bronce en 1500 metros; descomunal.

Sin embargo, con permiso de quienes me leen, quiero cerrar estas líneas con mención especial a la prueba del salto de altura para las damas, donde María Latsistekene ganó para la pequeña delegación de atletas del Comité Olímpico Ruso el título que los convierte en la 23ra nación que logra, al menos un oro, en esta edición del atletismo olímpico.

Y es que me quedo con María, por la lucha, y por la fe. Me quedo con sus lágrimas, que valen el título soñado y dicen tanto, que destrozan esa inexpresiva manera que le había caracterizado a la hora de celebrar todos sus éxitos.

Cierto es que todos quieren el título Olímpico, pero es mucho más duro perderlo, sin tener la posibilidad de pelear como le pasó a Latsiskene en 2016, a consecuencia de la sanción que aún pesa sobre el deporte de su Rusia natal.

María Kuchina o Latsiskene, como gusten llamarle, es la campeona olímpica del salto de altura. Lo hace en la temporada menos favorable de sus últimos años, en la que no lideró, en la que no fue la mejor, en la que llegó a terminar una competencia con 1.84m, resultado surrealista para su historia.

María ha llegado a la cima. Ahora sí sonríe, ahora sí lo grita. La desnaturalización sigue presente, pero ella se ha permitido soñar y ha sacado de paseo la virtud para solventar un concurso plagado de esos momentos dónde toca demostrar de qué estamos hechos.

Su salto de 2.04, el mejor del mundo en esta temporada le dejó subirse al sitio que siempre soñó. Nicola MCDERMOTT (2.02, récord para Oceanía) y Yaroslava MAHUCHIKH (2.00) completaron las medallistas.

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