Por Eddy Luis Nápoles Cardoso

La presencia, casi milagrosa, de Félix “El Andarín” Carvajal, en la prueba de maratón durante los Juegos Olímpicos de San Luis 1904, inauguró la asistencia de atletas cubanos en citas cuatrienales extendida ya, a 18 ediciones. Curiosamente, otro maratonista, Richer Pérez, fue el encargado de cerrar la participación criolla en la última versión, Río de Janeiro 2016, totalizando 369 atletas en el escenario olímpico. En cuanto al medallero, se han conquistado 42 preseas e incluyen, 11 títulos, 13 medallas de plata y 18 de bronce.

Observando el panorama de lo acontecido en la última edición olímpica, Río de Janeiro, donde la embajada atlética cubana conformada por 37 competidores, conquistó una presea de bronce, concretando ademá la presencia de seis atletas finalistas (ocho primeros por pruebas), pareciera que el reto olímpico de la presente formación atlética, que pudiera estar integrada por unos veinte competidores, será tarea fácil. Pero, es que el atletismo cubano arrastra deudas olímpicas, algunas, quizás, no puedan ser saldadas ahora en Tokio.

Las dos últimas ediciones, Londres y Río de Janeiro, no vieron a un atleta cubano ocupar la cima del podio, algo que, salvo Atlanta 1996, venía ocurriendo desde Montreal 1976.

En cuanto a podios, excepto Moscú 1980, siempre dos cubanos subieron a la cima: Alberto Juantorena lo hizo dos veces en la cita canadiense; Maritza Martén y Javier Sotomayor, escalaron en Barcelona 1992; Anier García e Iván Pedroso, subieron en Sydney 2000; Osleidys Menéndez y Yumileidi Cumbá, lo hicieron en Atenas 2004; mientras que Dayron Robles y Yipsi Moreno, esta última, post Juegos Olímpicos, se titularon en Beijing 2008.

El botín del atletismo cubano por Juegos Olímpicos posee cuotas muy altas; Barcelona 1992, deparó siete preseas (2-1-4), 21 finalistas, entre 34 atletas participantes y 75 puntos, al sumar las unidades por los lugares ocupados (1° al 8°) en esas 21 finales. Sydney 2000, fue la mejor actuación cualitativa, con seis preseas (2-2-2), 18 finalistas, curiosamente, entre 34 atletas y la mayor productividad por ubicaciones, con 84 puntos.

La comitiva criolla a Tokio no alcanzará los dígitos generales de sus antecesoras, unas más productivas, otras menos, pero todas, desde Barcelona 1992, con más de una treintena de atleta. Aunque está claro que han existido limitaciones que imposibilitaron el normal desempeño de los atletas durante el período clasificatorio a Tokio.

Entre los ya clasificados, se observan atletas con potencialidades para ocupar la cima olímpica donde la discóbola Yaimé Pérez y el saltador Juan Miguel Echevarría, serían los elegido. En el caso de Yaimé (68.99), estuvo en Río de Janeiro, una historia que la santiaguera ha revertido con madurez competitiva, estabilidad sobre las marcas que otorgan premios en los grandes eventos (66.16) y avalada, además, por el título mundial en Doha; mientras, Juan Miguel (8.30), hará su debut olímpico, es el saltador de longitud que más ha impresionado en este extendido ciclo, aunque supera con creces las cuotas que asignan medallas (8.32), el titular mundial (indoor) de Birmingham 2018, debió sacar conclusiones de lo acontecido en Doha 2019, para mostrar sus verdaderos dotes en la capital japonesa.

Con experiencia olímpica estarán en Tokio varios atletas más, Yarisley Silva, Denia Caballero, Rose Mary Almanza, Liadagmis Povea, Maykel Massó, Zurian Hechavarría, Roxana Gómez, Lisneidy Veitía y Sahily Diago.

Yarisley viajará a sus cuartos Juegos Olímpicos, sumándose al selecto club que integran Iván Pedroso, Yoelbi Quesada, Yumileidi Cumbá y Yipsi Moreno; Silva (4.50) eliminada en Beijing, segunda en Londres y séptima en Río, viaja ahora a Tokio con menos pretensiones. Denia (63.00), presente también en Londres, se colgó al cuello el único metal conquistado por el atletismo criollo en la cita brasileña (bronce), aunque no se ha “mostrado” en la presente temporada, tiene suficiente currículo y fuerza en su brazo para volver a ocupar un puesto en el podio.

Rose Mary (1:59.57), es la otra atleta que enfrentará sus terceros Juegos Olímpicos, semifinalista en Londres y eliminada en Río, ahora tendrá una doble función en Tokio, correr los 800 metros, donde podrá hacer valer aquello de “a la tercera va la vencida” e integrar el relevo 4×400, con opciones finalistas.

Liadagmis (14.93), eliminada en 2016, ahora con mayor madurez competitiva y saltos sobre los dígitos que pueden brindar acceso al podio (14.75), para la Povea se presenta el momento de mostrar sus potencialidades en los grandes eventos, no es descartable un puesto más allá de finalista.

Massó (8.39), con apenas 17 años hizo méritos (8.28) y viajó a Río, aunque no destacó. Al año siguiente se ubicó quinto en el mundial de Londres, luego un bajón por lesiones, pero la recuperación en el actual año olímpico lo pueden llevar a puestos de privilegio en Tokio.

Zurian (55.68) solo corrió la primera ronda en Río, peros sus avances han sido notables de los olímpicos a la fecha, en Tokio, aparte de integrarse al 4×400, debe caminar algunas ronda más, en su especialidad, sus resultados en suelo cubano, sin adversarias, demuestran progresos estables en los 400 con vallas.

Roxana (51.13) y Veitía (52.46), ambas asistieron a Río, pero en circunstancias diferentes a las que se presentarán en Tokio; la cienfueguera fue como integrante de la posta 4×400, incluida a última hora por la repesca de, la entonces IAAF, hoy World Athletics; mientras que la villaclareña, lo hizo por méritos propios (1:58.93) en los 800 metros. Roxana ha retomado sus progresos, corriendo en casa logró 51.13, marca que debe pulverizar tan pronto sienta exigencia en los carriles vecinos. Veitía estará en la cita nipona integrando el 4×400; iguales condiciones llevaron a Río a Sahily Diago (2:01.10), quien ahora será “suplente” en el 4×400.

Se impone en este momento valorar el relevo 4×400, con una muy bien ganada clasificación olímpica en el pasado mundial de Silesia, cita donde se impusieron, pero en los Juegos Olímpicos será diferente, allí estarán todas las “bailadoras”, las nuestras logrando un cupo en la final, habrán sobrecumplido. La cuarteta cubana tiene puntos neurálgicos, la integran solo dos especialistas de 400 metros (Roxana, 51.13 y Lisneidy, 52.46), dos corredoras de otras pruebas, Rose Mary (800 metros) y Zurian (400 con vallas), las que irán a la ronda inicial del relevo, luego de haber enfrentado, al menos, una carrera en su especialidad (pudieran ser más), la suplente, Sahily Diago (800 metros), tampoco es corredora de 400 metros.

Entre los más noveles, hay “materia prima” para trabajar en algunos procesos atléticos, unos presentes y otros futuros; el saltador de altura Luis Enrique Zayas (2.33), revelación en Lima (1°) y quinto en Doha ha demostrado estar listo para empeños mayores; lo propio sucede con el triplista Cristian Nápoles (17.03), cuarto en Londres, primero en Barranquilla y quinto en Doha. También debe considerarse a Jordan Alejandro Díaz (17.34), medallista en Barranquilla, Lima y octavo en Doha.

Tres especialistas en salto triple y un saltador de longitud cierran la comitiva criolla, hasta el momento; Andy Díaz (17.63) con algunas oportunidades internacionales, séptimo en Londres, tercero en Lima y eliminado en Doha, pero con una asignatura pendiente, mejorar los saltos fuera de casa. Para Davisleydi Velazco (14.31), Leyanis Pérez (14.48), ambas triplistas y Lester Lescay (8.12), longitud, la participación olímpica es un derecho conquistado, como también para todos los antes mencionados, solo que algunos deben asumir “responsabilidades” ante el prestigio ganado.

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