Por Eddy Luis Nápoles Cardoso

En esta época de “aislamiento”, donde la actividad deportiva ha estado paralizada, muchos se han dedicado a realizar recuentos históricos, comparaciones, llegando hasta los más soñadores, que han imaginado a Cuba compitiendo y obteniendo medallas en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, citas olímpicas a las que el deporte cubano se ausentó. Como competencia virtual o un sueño “despierto” del pasado, pasa.

En relación a este tema, hay que partir, que cada competencia es única e irrepetible, al igual que cada carrera, salto o lanzamiento, hay que realizarlos, en el momento y escenario que corresponde. Toda valoración posterior sobre posibles logros de medallas, que se realice basada en resultados logrados en diferentes escenarios, cae en el campo de la subjetividad.

Sigamos en el tema de Los Ángeles 1984, el atletismo cubano ese año hubiese tenido algunas opciones de “luchar” medallas, con Luis Mariano Delís (disco, 69.74), Lázaro Betancourt (triple, 17.45), Jaime Jefferson (longitud, 8.22), Silvia Costa (altura, 1.99), María Caridad Colón (jabalina, 69.96), así como los velocistas Osvaldo Lara y Leandro Peñalver (100m, 10.14) y el novel Javier Sotomayor (altura, 2.33).

Posterior a Los Ángeles, los países socialistas como compensación, realizaron los Juegos de la Amistad, celebrados en diferentes naciones, el atletismo tuvo por sede a Moscú (masculino) y Praga (femenino), escenarios que carecían de la motivación y de varios de los adversarios que debieron enfrentar en la urbe californiana, allí la cosecha cubana fue de nueve preseas, tres de cada color.

Ahora observen como fue el desempeño en los “Druzhba” de los ocho atletas antes mencionados, Delís (sexto), con 64.78; Betancourt (cuarto), con 17.18; Jefferson (plata), logró su mejor salto del año (8.37), superior al medallista de plata en la cita olímpica (8.24), Costa realizó tres saltos nulos; Colón (bronce), con 64.34, Lara (oro), con 10.16, marca inferior a los 10.19 del estadounidense Sam Graddy, medallista de plata olímpico, Peñalver (bronce), con 10.21, también inferior al 10.22 del canadiense Ben Johnson (bronce) y Sotomayor (oro), con 2.25 metros.

Un imaginario escenario olímpico con todos los ingredientes, pudo haber sido así para Delís, enfrentando al trío estadounidenses, John Powell (71.26), Art Burns (70.98) y Mac Wilkins (70.44), al sueco Ricky Bruch (71.26), a su enconado rival, el checo Imrich Bugár (69.88), a los soviéticos Yuriy Dumchev (67.42) y Dmitriy Kovtsun (68.64), a los alemanes Jürgen Schult (RDA, 68.82) y Rolf Danneberg (RFA, 67.40), finalmente el triunfador, quien venció a la triada gringa en casa.

Betancourt, también debió contar con tres excelentes triplistas estadounidenses en la carrilera de salto, Mike Conley (17.50), Al Joyner (17.19) y Willie Banks (17.39), pero entre los ausentes estuvieron, los soviéticos Oleg Protsenko (17.52), Aleksandr Yakolyev (17.50) y Gennadiy Valyukevich (17.47) y el búlgaro Khristo Markov (17.42). Ganó, tal vez, el menos esperado, Al Joyner.

Jefferson debió enfrentar al fenomenal Carl Lewis (8.71) y a Larry Myricks (8.45), ambos, saltadores locales, al alemán oriental Lutz Dombrowski (8.50), a los soviéticos Sergey Layevskiy (8.24) y Konstantin Semykin (8.28), al búlgaro Atanas Atanasov (8.31) y al australiano Gary Honey (8.27), entre otros.

Costa pudo enfrentar en el salto de altura a una constelación de estrellas, encabezada por la búlgara Lyudmila Andonova (2.07), en ese momento poseedora del récord mundial, las soviéticas Tamara Bykova (2.05), Lyudmila Butuzova (1.98), la italiana Sara Simeoni (2.00), la búlgara Stefka Kostadinova (2.00), la canadiense Debbie Brill (1.98), la estadounidense Joni Huntley (1.97) y la alemana federal Ulrike Meyfarth (2.02), la vencedora en la cita californiana.

María Caridad, la heroína de Moscú’80, con sus 69.96 logrados en ese año olímpico, podría haber visto el siguiente panorama en Los Ángeles; con las alemanas Petra Felke-Meier (74.72) y Antje Kempe (72.16), la finesa Tiina Lilla (74.24), la griega Anna Verouli (72.70), las británicas Fatima Whitbread (71.86) y Tessa Sanderson (69.56), esta última, ganadora, finalmente.

Para Lara y Peñalver (100 metros), quizás Los Ángeles hubiera sido la gran oportunidad de escalar a la gloria, para ello, debieron bregar en aquel momento, con el invencible Carl Lewis (9.96), sus paisanos Sam Graddy (10.09), por cierto, derrotado por Peñalver un año antes en Caracas y Ron Brown (10.12), el canadiense Ben Johnson (10.20); el inglés Allan Wells (10.18), el polaco Marian Woronin (10.00) y el alemán oriental Frank Emmelmann (10.11).

Por último, para Javier Sotomayor, sin haber cumplido los 17 años, debió ser el primer encuentro con la élite de la prueba en ese momento, iniciando por el chino Zhu Jianhua (2.39), recordista mundial; los soviéticos Sergey Zasimovich (2.36) y Valeriy Sereda (2.34), el rumano Sorin Matei (2.34), el estadounidense Dwight Stones (2.34) y los alemanes Carlo Thränhärdt (2.37) y Dietmar Mögenburg (2.35), quien se colgó el título olímpico.

Como pudieron observar, un posible escenario “complicado” para sacar medallas, pero es allí donde, quizás, se pudieron lograr los grandes resultados, lamentablemente, no se asistió, luego, todo lo que se escriba o especule, queda en el campo subjetivo.

Los dejo con la “final virtual” de los 100 metros (M), en Los Ángeles 1984, que milagrosamente ganó Carl Lewis.

1-Carl Lewis                         USA   9.99

2-Marian Woronin               POL    10.00

3-Sam Graddy                     USA   10.09

4-Frank Emmelmann         GDR   10.11

5-Ron Brown                        USA   10.12

6-Ben Johnson                    CAN   10.12

7-Osvaldo Lara                    CUB   10.14

8-Leandro Peñalver            CUB   10.14

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