Jorge Luis Aguilera es un nombre y un hombre visible en el atletismo cubano de los últimos tiempos. Pasa, sobre todo, porque es quien mueve los hilos de este deporte más allá de nuestras fronteras desde su rol como manager oficial de los atletas cubanos ante la World Athletics.

El holguinero-matancero, nacido en Frank País y establecido en la Ciudad de los Puentes, tiene también su propia historia a ras de pista. Es, al fin y al cabo, un Ingeniero Industrial que se encaramó en un podio olímpico cuando nadie lo esperaba. Es el cerrador (último hombre) de aquella gloriosa cuarteta cubana que atrapó la presea de bronce en el relevo 4x100m de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Sobre los enigmas de su vida deportiva, y los retos que enfrenta para lograr insertar al atletismo cubano en el panorama internacional conversamos. Una charla que me resulta necesaria para comprender el andamiaje comercial sobre el que se sostiene el deporte de alto rendimiento en nuestros días.

—Graduado de ingeniería industrial y atleta de alto rendimiento. ¿Cuán compatibles son estas dos aristas de tu vida?

—Nada, en lo personal no encontré vínculos, lo cual hizo mucho más difícil la tarea de conjugar ambos propósitos. Fue mi reto, y lo enfrenté prácticamente solo porque muy pocas personas confiaron; tuve poco apoyo. Agradezco a mi formación personal y educacional porque con esa base fui rebasando la situación, forjando en mí un espíritu de lucha que fue decisivo en mis éxitos como atleta y como profesional.

—Entiendo que la universidad te abrió el camino al deporte de alto rendimiento. Las universidades fueron nicho de pródigos resultados deportivos, ¿cómo es posible que hayamos perdido este movimiento en la actualidad?

—Es una tendencia mundial, la mayoría de los atletas de determinados deportes provienen de las universidades o se desarrollan en ellas. Es una oportunidad que ofrece la posibilidad de establecer un equilibrio entre el nivel de formación educacional y la asimilación de los procedimientos técnico-tácticos de los entrenadores. Personalmente considero que ha faltado exigencia, motivación e incluso seriedad en el desarrollo de estas prácticas, ya fuere por falta de recursos, cuestiones sociales u otras circunstancias, pero lo cierto es que ha repercutido en su desarrollo.

“La asignatura del deporte ya no es decisiva, no es prioritaria a la hora de evaluar la culminación de los estudios universitarios y en ello se nos ha ido la oportunidad de identificar mucho talento. Definitivamente, pienso que hay que revisar los métodos de enseñanza, no solo en el nivel superior, sino desde la enseñanza primaria, hay que reestructurar desde la base”.

—En tu carrera deportiva todo no fue color de rosas, cuentas que fuiste perjudicado una y otra vez por decisiones de última hora, sobre todo en el relevo

Mi etapa como atleta no fue fácil, lo he dicho siempre. Experimenté muchas decepciones, que incidieron directamente en el impacto de mis resultados deportivos. Por ejemplo, en el los Juegos Centroamericanos de México 1990 obtuve el segundo lugar en los 100 metros con tiempo de 10.29 segundos, y no me pusieron a integrar el relevo. Sin explicarme el porqué, cuando normalmente son los cuatro primeros hombres de esta distancia los que suelen correr el relevo.

“En 1992, tras lo hecho en los Juegos Olímpicos de Barcelona, en Cuba se hizo la Copa del Mundo, y el relevo cubano, el nuestro, había sido seleccionado para estar. Una hora antes de la competencia me sustituyeron bajo el argumento de tratar de lograr una mejor marca que la que hicimos en la olimpiada.

”Son detalles que ahora pueden parecer pequeños, pero en su momento duelen. Tuvieron su impacto en mis deseos, en mi fe, en mi voluntad. Son decisiones tomadas, cosas que pasan”.

—Estar en unos juegos olímpicos, solo acudir, es el sueño de cada atleta de alto rendimiento. Tú lograste estar y además encaramarte en el podio. ¿Cómo catalogarías el momento?

—Participar en los Juegos Olímpicos es lo más grande que puede tener un atleta. Yo estuve en esa generación del 1984 y 1988 que no pudimos estar por el contexto sociopolítico, imagínate entonces cuán grande fue poder estar en el podio de Barcelona. Fue un resultado inesperado, pero nosotros si trabajamos para eso, porque entrenamos, nos sacrificamos y luchamos. Es sin dudas algo inolvidable, lo más trascendental de mi vida en activo.

“Correr y ganar un bronce. Romper un récord nacional que estaba vigente desde 1968. Esa fue la meta, un sueño y se logró. Ahora sí creo que es hora de que se quiebre. Que los jóvenes sean capaces de interiorizar que pueden, que los récords están para romperse”.

—Simón, Lamela, Isasi y tú no descollaban por sus performances en solitario, pero lograron hacer un relevo célebre… ¿En que se basó su victoria?

—Fíjate que eso se ha cuestionado, porque es verdad que individualmente no teníamos grandes marcas y logramos hacer ese crono en el relevo. Pero nosotros estábamos muy bien, quizás si alguno hubiera corrido individual habría hecho menos de 10.10 segundos en los Juegos Olímpicos, pero estaba claro que teníamos un objetivo y era como equipo; buscar la medalla ahí, con todo el potencial.

“Nosotros hicimos una base de entrenamiento 15 días antes y los tiempos que hicimos en los test de control eran fenomenales. Entrenamos muy duro, estábamos muy bien, y basamos esa victoria en la hermandad y unidad que teníamos. Comprometidos todos con ese sueño logramos una técnica precisa. El relevo se caracteriza por el acople, sincronización, la estabilidad, la unidad y la armonía entre los miembros del colectivo. Son claves que cuando tú las logras en el equipo, los resultados vienen al momento. Nosotros, creo, lo logramos y lo perfeccionamos. Ahí se forjó ese resultado.

”Y hay que agradecer en ese resultado a Jesús Molina que siempre confió y a los entrenadores, a Tomás Pedroso, a Irolan Echevarría, a Silvia Chivás, porque sin ellos tampoco habría sido posible”.

—El récord nacional de Cuba para la posta corta es de 38 flat y aún está en poder de los medallistas de Barcelona, donde te incluyes. Se había pensado en que Reynier Mena, Roberto Skyers y compañía tenían todo para quebrar esa cota debido a sus registros individuales, pero no ha sido así. En tu opinión, ¿qué les ha faltado?

—Esta generación tiene un mejor somatotipo que el que teníamos nosotros y cualidades deportivas también. Yo pienso que deben unirse, y trabajar más duro. Tienen que creer que pueden, si no, nunca podrán.

“Hoy estamos muy distantes del mundo, estamos muy lejos de los tiempos que se hacen, pero eso no significa que el récord de Cuba sea imposible. Personalmente pienso que está en sus manos, en sus piernas hacerlo, pero tienen que creérselo…

”Los entrenadores tienen un papel fundamental. Ellos son los responsables de exigir y aglutinar, de poder conducir ese talento a la consecución de objetivos. Creo que por la parte técnica se está haciendo mucho hincapié, pero el resultado no es cosa de un día. Hay que seguir trabajando, seguir conversando y, sobre todo, convencer con nuestro trabajo.

”Te diré algo más, nosotros en nuestro tiempo llegábamos a tener hasta tres sesiones de trabajo diario. Usted creerá que es una locura, pero no. La velocidad es una prueba muy sacrificada en este sentido, los corredores de 100 metros tienen que entrenar duro, muy duro. Hay que entrenar, tenemos problemas, pero si no nos sobreponemos a eso no habrá resultados, y en este aspecto vuelven a ser fundamentales esos padres que tenemos en el terreno…”.

—La labor del mánager puede ser encumbrada o satanizada. Personalmente admito que la he satanizado varias veces, aunque es una competencia profesional que me apasiona… ¿Qué tan complejo es insertar un atleta en circuitos competitivos internacionales… en Europa, por ejemplo?

—A mí me gusta mucho lo que hago, pero es una labor bien compleja. Insertar a los atletas en las competencias es muy difícil. El nivel de comercialización que tiene hoy en día el atletismo hace que irremediablemente haya oportunidades para los de mejores resultados. Las pistas tienen ocho o cuando más nueve carriles y los organizadores quieren el show. El show se hace con los mejores.

“Por ejemplo, hoy, Yarisley Silva, Juan Miguel Echavarría, Denia Caballero o Yaimé Pérez no tienen problemas para competir, tampoco los saltadores, porque tienen resultados que llaman la atención, pero cómo insertas alguien de la pista en ese mundo si la verdad es que no hay demasiados resultados que destaquen a nivel mundial.

”Nosotros sabemos que el reto está en poder desarrollar a los nuevos talentos, pero no hay demasiadas garantías en un universo que es totalmente comercial. Los organizadores no están dispuestos a aceptar atletas sin resultados.

”Las estrategias que hemos tomado es tratar de poner a los jóvenes en circuitos más discretos acá en el Caribe o en países específicos, pero vuelve entonces el tema dinero, porque los organizadores no tienen mucho presupuesto y no hay formas de solventar los gastos de viaje o estancia. El Inder o el patrocinador Puma han asumido en algunos casos, pero no es una fórmula exacta porque a veces tampoco hay dinero.

”Esto no es fácil, ni para los establecidos, fíjate que, si llegas a Europa y tienes dos competencias malas, a la tercera ya el organizador se torna escéptico de si te contrata o no. Es un mecanismo crudo, pero sobre ese se mueve el atletismo en el mundo hoy”.

—Esta realidad fundamenta una teoría popular que asegura que muchos acá buscan un resultado tempranero que les abra las puertas para competir fuera…

—Te puedo decir que en estos momentos la Comisión Nacional obra distinto. Yo creo que hay oportunidades para todos y se ha sido muy justo con eso. Fíjate que hay atletas que se les da la posibilidad, a ver si despiertan”.

“Siempre vas a encontrar atletas cuyos resultados se estancan, pierden el rumbo, se conforman, y al fin no entienden que la vida deportiva es efímera y que lo principal es aprovechar cada momento”.

—Sin embargo, sucede…

—Hasta este minuto nuestro sistema deportivo no está diseñado para que haya demasiada brecha en este tipo de prácticas. Hay una estrategia de trabajo que el organismo rige. Por lo general los atletas que salen de gira son los que están en el equipo nacional donde se han concentrado las mejores condiciones tanto técnicas como logísticas.

“Ojo aquí, hay muy buenos entrenadores en provincia, pienso que un paso importante sería rescatar las bases de entrenamiento que teníamos antes. La rivalidad que propiciaban también era un factor decisivo en el éxito internacional del atletismo cubano.

”En cuestiones muy específicas es cierto que tenemos atletas que logran muy buenos registros aquí y luego no se repiten en el momento elite de la temporada. Entiendo que hay que ser rigurosos con la preparación y con los planes de entrenamiento, ajustar sobre la marcha, ser proactivos. Pero no se trabaja para que suceda así, a veces, simplemente, sucede. La estrategia del deporte es lograr el mejor resultado en la competencia fundamental, eso es invariable”.

—¿Cómo valoras el estado actual del atletismo cubano?

—No es secreto que tenemos eventos muy fuertes, como el área de saltos, pero a su vez hay pruebas muy débiles, como la misma velocidad, donde hay muchachos de incuestionable talento, pero sin resultados. Hay que ver cómo se desarrolla todo, hay que hacerlos crecer.

“De momento lo que sí está claro es que hay que trabajar fuerte, y sobre todo buscar más talentos. Tenemos que levantar las piedras si es preciso para encontrarlo.

”El reto es constante, la superación es constante, el deporte no es una ciencia exacta, pero hay que hacer coincidir el esfuerzo con los resultados y conseguir, sobre todo, que logremos hacerlo en el momento más importante de la temporada.

”No somos perfectos, pero estamos trabajando muy duro, desde una dirección guiada por exatletas que saben lo que es sufrir y que aman este deporte como a sí mismos”.

—¿Te habría gustado ser entrenador?

—Pues sí, ¿a quién no? Sería un sueño cumplido el poder llevar a vía de hecho lo que uno aprendió como atleta y luego en la universidad, además de las experiencias vividas en el deporte y fuera de él. Porque la vida es una enseñanza y lo importante es siempre aportar un granito de arena en eso que más amas: El atletismo.

“Además, me gusta ayudar a las personas, primero porque pasé por mucho y no quiero que se repita con las nuevas generaciones. Hay que ayudarlos en su conducción”.

—Nunca es tarde. Espero que si te decides a entrenar me lo cuentes en exclusiva… Por cierto, la ingeniería industrial, ¿te ha valido?

—Pues me ha servido de mucho. Dentro de mis labores para el atletismo me ha dado elementos para desempeñarme, pero sobre todo fue mi sustento cuando estuve fuera entre el 2002 y el 2010. Me disgusté y me alejé del deporte, tal vez fue un error, pero fue una etapa que oxigenó mi vida y ahí fue determinante lo que había aprendido con mi carrera.

—Pero está claro que tu vida sin el atletismo no tendría demasiado sentido… ¿Me regalas una anécdota para terminar?

—Pues te cuento algo que creo que no saben muchas personas: en la final del relevo del 1992, cinco minutos antes de salir a la pista, Simón (Andrés) que tenía un reloj Casio digital marcó 38.00 segundos en el cronómetro y nos dijo que eso era lo que haríamos…Todos lo dimos por loco y ya sabes lo que pasó.

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