Por Jorge Luis Coll Untoria

Una voz ronca, pero agitada, eclipsa la cancha de fútbol que se ubica en el centro de la pista de la Ciudad Deportiva capitalina. Veinte niños vestidos de rojo siguen las indicaciones de su entrenador, en una tarde que por momentos se nubla y amenaza con terminar la aventura de los pases y los goles.

Lo escuchan atentamente. Parece un loco. Gesticula y grita, tanto que, a veces, se le va la voz. De esa manera consigue ser escuchado por sus jugadores, quienes quizás no tienen ni la más mínima idea de la trayectoria deportiva del hombre que los prepara.

Tienen fútbol –comenta, acentuando la palabra en la última sílaba, como quién le da más fuerza y valor al término–.

Esto es a lo Cruyff y Guardiola, mucha técnica en espacio reducido.

¡Anthonyyyy! –Alza la voz de repente– Recepciona bien. Vamos, llevas dos años aquí ya.

–Juega bien el nueve ese…

–Eh, campeones provinciales. Unos cuantos son crack –dice con una risa acentuada y continúa dirigiendo la práctica…

Freddy Herrera comenzó a jugar fútbol con 12 años, en el lejano 1982. En esa misma Ciudad Deportiva, que hoy lucha por no estar en ruinas, dio sus primeros pasos bajo la tutela de dos personalidades del fútbol cubano: Julio Cepero –considerado uno de los mejores futbolistas cubanos de todos los tiempos– y Clemente Reinoso, reconocido entrenador de los equipos nacionales de futsal.

Sus cualidades lo hacen ascender rápido en la pirámide y a los 14 años ya entra en la EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva) “Mártires de Barbados”, donde se destaca como defensa central y participa en los Juegos Escolares Nacionales. De ahí a las ESPA (Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético) provincial y nacional, y luego a la preselección juvenil cubana. Así se dan sus primeras experiencias internacionales en los Juegos Juveniles de la Amistad en Polonia y Rumanía.

Sin saberlo, estaba tirando sus últimos cartuchos en el fútbol once. Transita por la selección Sub 23 y en los Panamericanos de La Habana ’91, ya en el equipo grande, viste el uniforme de las cuatro letras.

A menor espacio, mayores resultados

A mitad de la década de los ’90, cuando el país atravesaba la crisis más violenta del período revolucionario, el fútbol sala llama la atención de Freddy Juan, quizás por esa costumbre que se tiene en el Cerro de jugar tres contra tres en cualquier esquina o de poner las conocidas “vallitas” en el más ínfimo pedazo de césped.

“Me incliné al futsal porque me gustaba ese juego de espacio reducido. Siempre vi aquí en la Ciudad Deportiva las vallitas y me empezó a gustar ese futbol”.

Se puede decir que entró por la puerta grande, pues acto seguido lo esperaba la cita mundialista de futsal España 1996, la primera participación cubana en este tipo de eventos.

“Para mí fue, ante todo, una gran alegría, pero también un gran reto. Tremenda experiencia, ya que jugamos con equipos que ocuparon los primeros lugares de la edición anterior. El campeón Brasil, el cuarto lugar, Irán, y Bélgica fue el grupo que nos tocó.

“Tuve la oportunidad de jugar contra los artistas del futsal, los brasileños. Enfrenté al mejor pívot del mundo Carlos Roberto Castro da Silva, le decían choco, a Manoel Tobías, un gran goleador, y a Fininho, uno de los grandes de esa época también”, recuerda.

El estadio estaba lleno y Brasil era el rival de turno. Los cubanos no entendían cómo pararlos. Regate, tras regate y combinaciones electrizantes marcaban el partido de los sudamericanos. En ese choque Freddy también se llevó lo suyo.

“Siempre hay anécdotas y son bonitas, no importa si fueron a favor o en contra –sonríe–. Esos jugadores brasileños tenían el hábito de amagar y nosotros no estábamos adaptados a eso. Roberto Carlos amagaba y amagaba –rememora, mientras gesticula con su mano una y otra vez– y en una de esas él se queda y yo sigo de largo.

Entonces Juan Carlos ‘Papi’ Portal me dice:

–Freddy, ¿tú viste lo que te hizo el pívot brasileño?

–No. Estoy viendo que la grada aplaude, pero no sé por qué será.

–Es que te amagó y te fuiste completo con la finta…”.

¿Qué sentías en la cancha ante equipos de tanto nivel?

“Nosotros fuimos con mucha confianza a jugar ese mundial. Creo que fue el error que cometimos. Habíamos clasificado para ese torneo y le habíamos ganado al subcampeón de la edición anterior que era Estados Unidos. Llegamos con el aquello de que podíamos obtener una medalla y salimos con toda la confianza del mundo, algo que más adelante no enseñó a valorar la importancia de la estrategia y el estudio”, expresa.

Pese a estas gratas experiencias, el fin de siglo no pintaba bien para el carismático jugador y, una enfermedad inesperada se interpuso en el camino de su madre y lo llevó a alejarse de su carrera.

“Tuve problemas con mi difunta madre, que dios la tenga en la gloria. Se me enfermó de cáncer y yo decidí separarme de la selección. Después volví viejo, casi con 38 años, a la preselección nacional. El profesor y padre, Clemente Reinoso, me dio la oportunidad y la confianza que siempre brindó a los jugadores de experiencia. Pero ya no era lo mismo, no tenía el físico. Aun así me sentí muy contento y orgulloso con la oportunidad de volver.

¿Quiénes apoyaron en ese momento difícil que pasó con su mamá?

“El equipo de nosotros es una familia. Isvén Román siempre ha estado al lado mío, Clemente Reinoso me apoyó muchísimo, incluso, iban al hospital a verla. Tuve la ayuda y el empuje de muchos jugadores, que me ayudaron espiritual y económicamente”.

Freddy Herrera jugó dos campeonatos nacionales y fue campeón en ambos eventos, en 1998 y 2011, pero la vida, que le privó de desarrollar plenamente su carrera como jugador, le abrió la puerta para dirigir.

“En el 2011 se me da la oportunidad por parte de la comisión de ser asistente técnico del profesor Clemente Reinoso y tuve la amarga experiencia de esa no clasificación al Mundial de Tailandia 2012.

“En el 2013 paso al frente del equipo de La Habana, con la suerte de tener jugadores que fueron mis compañeros. Hubo mucha disciplina, mucho amor, respeto y actitud para afrontar el reto y me ayudaron bastante. Pienso que si no fuera por ellos no hubiera logrado el éxito, ni el campeonato. Volvimos a ganar en Santiago de Cuba, en el 2015, recuperando el título que habíamos dejado escapar en el 2014, cuando alcanzamos bronce y hace dos años ganamos invictos, con un conjunto que tenía ocho jugadores mundialistas”, dice orgulloso.

En este período, luego del descalabro hacia Tailandia, Herrera repite como asistente técnico en el equipo que logra clasificarse al Mundial de Colombia 2016.

“Creo que ha sido el momento donde más cerca se ha estado de llegar a octavos de final. Le ganamos a Tailandia 3-0, pero luego no supimos aguantar. Es una competencia muy difícil y los equipos tienen mucho roce internacional, cosa que a nosotros nos golpea”, expone.

Hay quienes dicen que en su época de jugador había más nivel que ahora ¿Qué cree de esto?

“En el tiempo de nosotros jugábamos más posicionales, era otro ciclo. Los jugadores tenían un poco más de nivel técnico. Pero antes no sabíamos que este deporte era eminentemente táctico y los jugadores de ahora entienden mejor esto”, afirma.

¿Opina que el futsal en Cuba ha tenido una atención acorde con los resultados obtenidos?

“Creo que no. No hemos tenido la dicha de tener más apoyo de nuestra Federación Nacional de Fútbol. No es porque no se pueda, es quizás porque tendrán otras tareas más importantes, independientemente de que hayamos participado en cinco mundiales. Pienso que la Comisión Nacional ha hecho lo posible porque el futsal vaya adelante; pero espero se den cuenta de los muchos logros conseguidos y del deseo y el amor puesto por los jugadores cada vez que se convoca una preselección”.

-¿Son favorables las condiciones y los formatos en que se desarrollan los torneos nacionales?

“Estamos un poco enredados en ese aspecto. Deberían ser campeonatos más largos. En los tiempos en que yo era atleta jugábamos todo el año, se hacían muchos eventos y existía una estructura para que el desarrollo del deportista fuera mejor. Ahora no son malos campeonatos, pero son muy cortos y cuando los jugadores se están aclimatando a la competencia, ya como aquel que dice, se debe terminar”.

Herrera comenta que los temas del alojamiento y el transporte no han contado con las circunstancias idóneas, aunque “últimamente han mejorado algunas condiciones: la alimentación ha sido bastante buena y ha habido hoteles”.

Si tuvieras la oportunidad de cambiar algo en el futsal cubano, ¿qué harías?

“Primero digo la estructura de los campeonatos nacionales. También la forma de trabajar, pues el entrenamiento deportivo hoy en día es diferente al de otros años. Además, exhortaría a la Comisión Nacional a que nos apoyara un poco y buscaría que los equipos tuvieran más roce internacional”.

¿Al momento del retiro, se siente completamente satisfecho con su trayectoria?

“Uno nunca está conforme con lo que hace. De hecho nací en una generación que era siempre pelear, guapear, ser mejor cada día. No estoy satisfecho, creo que podía haber hecho un poquito más, independientemente de los títulos alcanzados como jugador y entrenador. Pudiera haber dado más, aunque me retiré Campeón Nacional”.

¿Qué faltó entonces?

“Quisiera haber jugado en un club de esos del extranjero, me parece que pude haberme probado, porque en ese tiempo tenía un nivel para poder desempeñarme a diferentes esferas del futsal mundial”.

¿Considera que son olvidados los jugadores de fútbol sala?

“No opino así, de hecho la Federación de Fútbol, de vez en cuando, hace reconocimientos y también en la UCCFD “Manuel Fajardo”. No pienso que sean olvidados, creo que como carecemos de una Federación no tenemos toda la atención y la estructura para tener presentes a esos jugadores, quienes en un momento determinado fueron glorias para este deporte”.

¿Cuál era el sentimiento en el ambiente del futsal respecto a la desaparición de la Sala Polivalente “Kid Chocolate”?

Eso si nos dolió muchísimo, porque esa es la casa del futsal cubano. Ahí nos iniciamos todos los futsalistas. Hasta esta última generación tuvo la oportunidad de jugar allí. Desgraciadamente la destruyeron y tenemos que seguir hacia adelante en la sala que nos toque trabajar, para seguir poniendo el nombre del fútbol sala en alto”, manifiesta.

En la carrera de Ferry Herrera como entrenador también hubo un impasse, pero esta vez no ocurrió nada malo. Simplemente llegó la hora de superarse en otras esferas.

“Uno se muere sin saberlo todo. Fui elegido por mi currículum para pasar el curso de la Maestría de Metodología del Entrenamiento Deportivo para la alta competencia, una maestría que era muy importante para mí como entrenador, y me iba a permitir aportar nuevos conocimientos al equipo que me tocara dirigir en el futuro. Fue una de las cosas más importantes que he logrado en mi carrera”, expresa.

¿Cómo es la experiencia de trabajar con las categorías inferiores?

“Es algo muy bonito, me parece que todos los entrenadores deberían pasar por la base, pues te da confianza para después afrontar nuevos retos. Con los niños uno aprende muchas cosas: el sentimiento, el amor al profesor. Ya con los mayores uno debe ser más determinante en el aspecto de algunas tomas de decisiones”.

¿A qué dificultades se exponen aquí a la hora de entrenar?

“Inconvenientes hay, económicos y materiales, por lo que sabemos todos, el tema del bloqueo. Pero los entrenadores de la base, con el apoyo de los padres, tenemos algo de implementos, hacemos el esfuerzo. Los padres son los protagonistas y los determinantes en estas categorías, nos ayudan mucho con la parte económica que ponen para comprar uniformes, mallas, algunas pelotas. Nosotros también buscamos conos, escaleras…”.

Clemente Reinoso

“Significa todo en mi vida deportiva y personal. Ha sido el motor impulsor, creo que me muero y vuelvo a nacer y no voy a tener nunca un entrenador como él”.

¿El top 3 de futsalistas cubanos de todos los tiempos?

“Es algo difícil, pero si tengo que dar una opinión en cuanto a jugadores relevantes pienso que uno es Juan Carlos Portal, alias Papi, el otro Isvén Román y puedo decir también Wilfredo Carbó”.

¿A quién agradece Freddy en su trayectoria?

“A mis padres que me dieron la confianza para ser un modesto atleta, con disciplina y respeto hacia mis entrenadores. Clemente Reinoso, repito, y también a todos los atletas y amigos con los que me relacioné”.

–¿Qué queda ahora? –pregunta Freddy.

–Las fotos. Hace falta un balón.

–Espera al cambio de ejercicio, que solo tengo cinco pelotas –dice mientras se dispone a poner la red de la portería.

Luego de las instantáneas, se incorpora con el otro entrenador y los ejercicios continúan. No importa que estuviera oscureciendo, hay que trabajar duro.

El humo del césped que se ha estado quemando por esa zona durante toda la tarde hace aún más lúgubre el ambiente. Los padres aguardan al borde del terreno y ya de lejos se ven los muchachos como hormigas rojas corriendo tras el balón.

A la distancia se siente Freddy. Inconfundible. Ordena, indica y se le va la voz, como casi siempre. Esto le sucede hasta cuando habla calmado. La claridad se apaga, pero no su ímpetu. De repente suelta un grito de aprobación:

“Eso es, Anthony, viste cómo la arreglaste”.

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