Tomado del Perfil de Facebook de Osmani Medero Gómez

A principios de la década del 90, llevaba sistemáticamente a mi hijo al Sandino (estadio Augusto César Sandino, Villa Clara) con solo 5 o 6 años… buscando, como todo padre Cubano, que el muchacho fuera conociendo la pelota.

En una ocasión jugaba Santiago de Cuba y Villa Clara, al finalizar el juego, me paré en la puerta de salida de los santiagueros (habían perdido ese día ) y ninguno se fijó en la presencia de ese niño en mis brazos y seguían de largo. Estoy seguro, sin ser psicólogo, que eso afectó su “admiración” por el béisbol.

Unas subseries después jugó Pinar del Río (PR). Adopté al finalizar el juego, la misma posición a ver si algún pelotero del equipo pinareño reparaba en la presencia del niño…  pues les cuento que también habían perdido ese día, y algunos pasaron, pero el GRAN OMAR se detuvo, me lo quitó de los brazos, lo cargó, le puso su casco y hasta una foto le sacó un amigo, (cuando aquello no había celulares).

A partir de ahí éste fue su ídolo, el verde pasó a ser su color preferido y Pinar del Río su equipo.  Pasaron dos o tres series y cada vez que jugaba Pinar era obligación llevar al niño al Sandino a ver a Omar Dinares , (así pronunciaba el apellido) su amigo, como él decía, pero nunca más quiso que yo lo llevará dónde estaba su estrella, él se conformaba con verlo desde la grada y saber que aquel gigante era “su amigo”.

Hasta ahí algo muy bonito, pero lo grande viene ahora. Ya con 8 o 9 años, se enfermó con una hepatitis bien severa, cuyo tratamiento fundamental era el reposo absoluto… y de nuevo jugaba PR. Con lágrimas en los ojos me dijo.

“Papi, ahora si que no podré ver a Dinares”

Sin consultar con nadie, cogí mi bicicleta china y arranqué para el Sandino, allí esperé que los visitantes terminarán su sesión de entrenamientos de la mañana, lo busqué y le conté lo que me sucedía. Sin mirar hora, cansancio ni sudor.  Solo consultó con el director y me preguntó: “EN QUÉ VAMOS”?  “ Solo tengo la bicicleta, pero yo te busco un carro”, le contesté.

“AGARRA AHÍ”, me dio su bulto con su equipaje de entrenamiento y me quitó la bicicleta. “MÓNTATE Y ME VAS ORIENTANDO LA DIRECCIÓN”.  

El, vestido con su traje verde/amarillo, montando bicicleta, conmigo detrás hasta mi casa.

El final de esa historia no se las cuento, la reacción del niño, y hasta de mi familia al ver aquello…, comprenderán las dimensiones de ese peloterazo.

Ya mi hijo tiene 30 años y sigue siendo su ídolo, y el verde su color. Aunque ahora su equipo es VC, pero PR es el segundo.

Nota: Si alguien lee esto y pudiera hacérselo llegar, para que sepa que esta familia villaclareña estará eternamente agradecido. iGracias Omar Linares!

Facebook Comments