Por: Herminia Fernández y Juan Pupiales/ France 24

Yulimar Rojas descansa en su tierra después de un año exitoso. En Barcelona, Anzoátegui, habla sobre un 2019 que terminó con el bicampeonato mundial de atletismo en Doha.

“Esta medalla es reflejo de la superación”, cuenta la atleta, quien se recuperó este año después de un 2018 lleno de lesiones. Con 24 años, la venezolana revalidó el título mundial que había conseguido en el campeonato de Londres 2017 y terminó una temporada de ensueño, tras haberse proclamado también campeona panamericana.

La siguiente meta es ganar el oro olímpico en Tokio 2020, unos Juegos Olímpicos que ha esperado “con muchas ansias”, según reconoce. En Río de Janeiro, hace cuatro años, Yulimar fue plata olímpica por detrás de la colombiana Caterine Ibargüen. Era su primera participación en la cita multidisciplinar.

Rojas reconoce que tiene que llegar “más madura” para llevarse ese oro que desea desde que comenzó a hacer deporte. Es un objetivo que se ve muy cerca pero la verdadera meta para ella es romper el récord del mundo.

“Es lo que me quita el sueño (…) por lo que entreno día a día”. En septiembre, en la prueba de Andújar (España), alcanzó la segunda mejor marca de la historia con un salto de 15,41 metros. Es un registro ligeramente por debajo del ansiado 15,50 del récord del mundo.

La nostalgia por Venezuela y entrenar en España

La atleta también cuenta que en 2012 vio el recibimiento que Venezuela le dio al esgrimista Rubén Limardo, campeón olímpico en Londres, y dijo “algún día a Yulimar Rojas la van a recibir en el aeropuerto de Maiquetía (principal terminal aérea internacional del país) de esa forma”. Para ella, “ser la deportista más importante de Venezuela es una responsabilidad” y la llena de orgullo que la gente la salude en la calle y los niños la vean como ejemplo.

Es un reconocimiento que llega bajo el alto costo de tener que vivir en España, entrenándose con la leyenda del atletismo Iván Pedroso, o el “Dios del salto largo”, como le llama ella. Pensar en esa lejanía hace que baje el tono de su voz, la nostalgia se nota en sus palabras. “Cualquier atleta desearía estar en su lugar de nacimiento”, confiesa.

Pero eso le da más heroísmo a sus regresos a Venezuela con una nueva medalla. “Me gustaría que me recordaran como un ícono”, alguien que siempre dio una alegría, que “a pesar de todo lo que pase, aquí hay algo bueno en este país”.

Su rivalidad con la colombiana Caterine Ibargüen

El triple salto femenino es una disciplina que hoy por hoy está dominada por dos sudamericanas. Yulimar Rojas y Caterine Ibargüen, de Colombia. Ellas se han turnado el trono en los últimos años, con Caterine, de 35 años, siendo bicampeona mundial en 2013 y 2015 y logrando el oro en Río 2016.

Yulimar tomó el relevo de Caterine, “a quien admiro mucho”, afirma la venezolana, pero admite que “sería mentir” decir que tiene una amistad con ella. “Hay mucha rivalidad, hay muchas cosas de por medio”, admite, a la vez que reconoce que “todavía” no se han sentado a tomar un café.

Este año, Rojas se quedó con el oro en el Mundial de Doha mientras que Ibargüen fue bronce. Son dos campeonas llamadas a volverse a medir en Tokio, en un duelo de veteranía contra juventud, pero que, pase lo que pase, llevará una alegría a Latinoamérica.

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