Por: Sergio Heredia/ Enviado especial de La Vanguardia

En una magnífica sala del hotel Sheraton, en el centro financiero de Doha, Sebastian Coe (63) atiende a la prensa española.

Lleva el discurso programado. No se bloquea ante los cronistas. Parece un mediofondista muy preparado para relajarse en la última recta.

Cuando le aprietan, responde con una pregunta:

–¿Le parezco alguien que no se preocupa por los atletas…?

Coe es el presidente de IAAF World Athletics. Y en estos días, los Mundiales de atletismo acaparan los focos del deporte. Aquí se habla de las durísimas condiciones climáticas. De la escasez de espectadores en las gradas del estadio Khalifa o en el paseo marítimo de La Corniche, escenario de las pruebas en ruta. Hay atletas protestando. En particular, marchadores y maratonianos.

No soy un hombre con un traje sentado en un butacón del estadio; entiendo la dureza extrema de las condiciones”

Cuando se aborda el asunto, Coe maniobra.

–Puedo entender sus quejas: las condiciones son un reto. Pero sus entrenadores y ellos mismos han trabajado muy duro para estar aquí. Y cuando se tomó la decisión de venir, todos estábamos de acuerdo. Yo también. Desde entonces, el reto que nos planteamos era el de mitigar las consecuencias. Se planificaron los Mundiales para octubre y las pruebas en ruta, para la noche. Aun así, entiendo qué es competir en estas condiciones. No soy un hombre con un traje sentado en una butaca del estadio.

¿Tan extraño le parece que se retire un elevado número de maratonianas en un maratón de élite?”

Sebastian Coe Presidente de IAAF World Athletics

–Pero, en la noche del maratón femenino, mientras se retiraban las atletas, ¿no sufría usted? Desfallecieron treinta de las setenta participantes. Si hubiera sido el maratón de París, se hubieran retirado 15.000 de los 35.000 participantes… –se le comenta.

–Pero esto no es París. Esta comparación me parece deshonesta. Este no es un maratón masificado. Es cierto que muchos maratonianos optaron por no venir. Lo entiendo. Escogieron Nueva York o Berlín. Mo Farah se decantó por Chicago. Muchas optaron por no seguir corriendo en Doha, ¿tan extraño le parece en un maratón de élite? No niego esas condiciones durísimas. Pero yo seguí el maratón junto a los servicios médicos. Aquello parecía un pequeño hospital. Todas las atletas estaban monitorizadas. Y no hubo problemas graves.

–Y dadas esas condiciones extremas, ¿por qué se vino aquí?

Coe toma aire.

La decisión se tomó en el 2014. Entonces, el presidente de la IAAF era Lamine Diack. Hoy, Diack está investigado por corrupción, soborno y chantaje a atletas. Eugene, Barcelona y Doha optaban a estos Mundiales. El golfo Pérsico se había enfrascado ya en una campaña de promoción a escala mundial. Qatar construía hoteles y muelles. Aspiraba a abrirse al planeta. En el 2022 acogerá los Mundiales de fútbol. Otra patata caliente.

Al fin, Coe contesta:

–No podemos quedarnos reducidos a nueve o diez países. Debemos enfocarnos hacia la globalidad. Hasta ahora, ya son 35 los países que han recogido una medalla en Doha. Estoy encantado de traer aquí los Mundiales por primera vez.

Pero el estadio está vacío…

–Evidentemente, no me gusta ver eso. Pero conforme pasan los días, vamos creciendo en la cifra de espectadores. Y las condiciones de confort en el estadio son excepcionales, casi perfectas, con este aire acondicionado. Ojalá hubiera sido así cuando yo competía. Estoy sentado en el palco junto a David Rudisha (plusmarquista mundial de los 800 m), y a veces nos miramos y le digo: ‘Como ochocentista, dame esas condiciones’. Entiendo que como maratoniano no es lo mismo.

–Precisamente, hay atletas denunciando el despilfarro ecológico que supone un gran estadio acondicionado a base de tubos de refrigeración –se le comenta.

–A veces, los atletas desconocen el contexto. Y lo entiendo, porque ellos deben centrarse en competir. Pero en los Mundiales de Moscú 2015 también había un calor extremo. Y en Sevilla’99 se corría a 41ºc. Y no había tecnología ni aire acondicionado para paliarlo. Yo entiendo que muchos atletas no quieran venir. Y no les forzaré a hacer aquello que no quieran hacer. Pero no aceptaré que se apoyen en argumentos medioambientales, ecológicos. O en cuestiones políticas. En los ochenta, yo nunca corrí en Sudáfrica. Estaba en contra en de su apartheid. Pero sí que corrí en Moscú’80, pese al boicot occidental (Estados Unidos se negó a acudir). Si no quieren venir, que no vengan. Es su decisión. Pero el argumento para no hacerlo no puede ser la huella ecológica. No es creíble

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