I

Las cámaras no la toman demasiado, pese a haber llegado hasta aquí con la segunda mejor marca del año. Anzhelika Sidorova ha crecido, ya tiene algunas nueces de plata en su canasta, pero sigue sin hacer demasiado ruido.

La prueba de salto con pértiga ha estado en el centro de atención desde hace ya un buen tiempo. Primero porque Yelena Isinbayeva creo su show de cábalas mientras extendía su leyenda; luego porque la brutal rivalidad que sostienen sus sucesoras invita a no perderse ni el más mínimo de los detalles.

Las alturas crecen con desenfreno: 4.70, 4.80, 4.90 y 4.95m. A esas horas quedan solo dos, Sandi Morris y Anzhelica.  La primera invierte tres intentos muy buenos, pero quedan solo en eso. A Sidorova le queda una bala, para conseguir hacer la diana de su vida.

Las cámaras ahora si van con ella y también con Morris, que pegada a las cercas aplaude a su rival. Anzh mira al cielo, frota una y otra vez la empuñadora de su garrocha. Conversa con ella, viste de azul al igual que sus ojos, lleva esmalte negro en las uñas y una trenza en el pelo con una forma muy característica de su tierra.

Medita, cierra los ojos, pide-probablemente a Dios-, vuelve de frente, e inicia su desplazamiento. Al caer, ya tiene a Morris pegada a su cuello. La estadounidense ha corrido hasta allá para felicitarle; porque entiende que le ha ganado en buenísima lid, saltando lo mejor de su vida.

En la grada unos pocos celebran, entre ellos -aunque las cámaras desdeñaron su presencia- Elena Isinbayeva, quien también se rinde ante el derroche de maestría competitiva que ha regalado su pequeña compatriota.

Anzhelika Sidorova es la campeona mundial. Gana el primer título de su carrera y el primero de su inexistente país en esta competencia.

II

Maria Lasitskene vuelve a escena. Da paseitos, se frota -fuerte- las orejas. Su masajeo me hace pensar en la lámpara, en la del genio. Se rasca, también, la cabeza y se acomoda el pelo. Su pelo que esta vez luce una trenza con una forma muy característica de su tierra.

No mira la altura. Se sienta. Parece tranquila pero evidentemente no lo está. Probablemente le preocupa que hay jóvenes que le han plantado un duelo de saltos sin errar.

Ella tampoco falla. Siempre a la primera, contundente, dejando que la presión haga estancia en otras cabezas. La pulcritud de su concurso hasta los 2.04m le asegura la victoria. Es la campeona del mundo, por tercera vez consecutiva.

Las cámaras se centran en ella, que ríe a sabiendas que su condición de atleta neutral no le deja muchas opciones de festejo. Sus manos señalizan la triple corona, su mirada se pierde. Tal vez viaja al 2015, cuando como Kuchina ganó por primera vez y pudo celebrarlo con su bandera.

DOHA, QATAR – OCTOBER 03: Sergey Shubenkov of the Authorised Neutral Athletes, silver, poses during the medal ceremony for Men’s 110 Metres Hurdles during day seven of 17th IAAF World Athletics Championships Doha 2019 at Khalifa International Stadium on October 03, 2019 in Doha, Qatar. (Photo by Christian Petersen/Getty Images)

III

Sergey se ve lento, pero tira de sus galones para solventar cada fase en los 110m con vallas. La final abre puertas para todos, es una carrera y puede pasar cualquier cosa.

Shubenkov es competitivo, lo ha demostrado siempre, y de la mano de esa condición atesora medallas de alto nivel en su interesante carrera.

Suena el disparo, y le pone todo el empeño. Le cuestan mucho más las primeras vallas, pero tras la cuarta o la quinta abre turbinas y es un verdadero tren. Hoy cruza la meta segundo, solo superado por el estadounidense Holloway.

Shubenkov lo disfruta, es una medalla mundial en un año en el que no había hecho ruido alguno. Se consagra entre los mejores del mundo y es otro neutral obligado a apuntar a sus entrañas para compartir – con los suyos- este momento de gloria.

Sus gestos, sus rostros y la impotencia confesa de no saber qué hacer al ganar acentúan la injusticia. Que paguen los pecadores, lo demás, cercena los derechos más elementales del ser humano. La Patria, sobre todo para ellos, es sagrada. 

IV

A pocas horas del inicio de este Campeonato Mundial, el Consejo de la IAAF que preside Sebastian Coe ratificó que sostiene su sanción sobre Rusia. La restricción que sobrevive desde finales del ya lejano 2015 y que los ha privado a todos de presumir a plenitud en momentos trascendentales de sus vidas.

La IAAF se pierde en sus rumbos.

El mismo Consejo ha dado la sede de su máximo evento a un país tan caliente y húmedo que espanta. El dinero no puede frenar el sol, y las pruebas de largo aliento convocan al holocausto. A la par, surca el mundo la imagen nefasta de desolación. A grada vacía, la apatía destroza los vertiginosos picos de audiencia de las ediciones precedentes de esta cita. A los cataríes, como mucho, le gusta el fútbol, y punto. Es como pedir peras al olmo. 

La IAAF saca a Estocolmo de la ruta del diamante, a pesar de una historia que ya pasa de las cinco décadas pues la reunión se estableció allá por 1967. Suecia desaparece de una ruta atlética de la que siempre fue parte y Gran Bretaña y Suiza se sostienen como las únicas naciones que organizan dos.

En definitiva, serán 13 las reuniones y 24 las pruebas a disputarse, cuando hasta este año se compitió en 32.

 “Hay que hacer los eventos más comprensivos – dicen- y adaptarlos a las transmisiones televisivas”.

Los 5000m y el lanzamiento del disco son dos de las disciplinas que se van del programa y es noticia que Wanda, el poderoso consorcio chino, tiene jurisdicción sobre el patrocinio del circuito por los próximos 10 años. Está muy claro el concepto.

Se dice también que ahora irán a por Kenya. Que su federación apadrina el dopaje, atendiendo a la denuncia de Para predicar con el ejemplo lo justo habría sido alejar a los occidentales que hacen caja en esas huestes e inyectar capital desde el organismo rector del atletismo mundial para crear condiciones mínimas allí y combatir el dopaje desde sus esencias. Pero produce más arremeter contra ellos, culpables o no, y desarmar la expansión que venían protagonizando.

Y mientras todo esto pasa, Alberto Salazar, el cabecilla del proyecto Nike Oregón, no puede escapar de sus culpas y es suspendido por cuatro años. El coach es la punta de lanza, pero hasta ahora nadie, ni la pura IAAF, ha preguntado por los avezados pupilos del jerarca. El estadounidense Galen Rupp y sobre todo Mo Farah, Sir de la Gran Bretaña se enlistan entre los intocables. Aunque Thomas Bach ha instado a la Agencia Mundial Antidopaje a averiguar sobre los atletas que allí entrenaban, entre los que aparecen los flamantes campeones mundiales Sifan Hassan y Donovar Brazier.

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