Fotos: José (Tito) Meriño/ Prensa Latina

Hubo una vez, allá por el año 2009, en que la rusa Elena Isinbayeva (exatleta de salto con pértiga) pretendió saltar 4.96 metros, pero al errar dos veces apostó por subir el listón un centímetro más y lo consiguió. Ese mismo día saltó también 5.00 metros por primera vez en pista cubierta y ambas alturas, la de 4.97m y los consabidos 5 metros, se inscribieron como cotas universales de esta especialidad.

Claro, Elena solo se jugaba la oportunidad de aumentar su estela de plusmarcas del orbe, Yarisley Silva no. A Silva, en ese brinco sobre 4.75m, le iba un pedazo de vida. Y en esas circunstancias lo hizo, así, sin más.

El salto es el reflejo de lo que ha sido su vida deportiva. Una carrera esculpida sobre la sensación de correr peligro; con la presión descomunal de no tener otra oportunidad. De demostrar que era capaz de hacer historia en una modalidad en la que nuestra isla era una perfecta desconocida. Y eso siempre se impone.

Silva es especialista en resolver concursos difíciles. Está en sus genes; en ello se sustenta su legado. Porque el ir por donde no hay caminos y tener la claridad suficiente para dejar un sendero no es precisamente algo que se pueda aprender. Es un don, y con ese se nace.

Yarisley Silva conquistó su tercer título panamericano, al hilo. Ganó en Lima para sumar su cuarta medalla en igual número de participaciones en estas lides pues con 20 años, ganó el bronce en Río de Janeiro 2007.

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