Por: Dayán García / Bohemia

A César Montoya Romero lo conozco desde que coincidimos en la residencia estudiantil universitaria y éramos unos aprendices de psicólogos y periodistas. Desde siempre compartimos la misma afinidad por el deporte, él un extraclase jugador de baloncesto y este servidor mejor comentarista que atleta. De cualquier manera, cada vez que nos encontramos no podemos dejar de evocar aquellos tiempos compartidos, y nos enrolamos en disímiles análisis sobre la actualidad del deporte cubano.

De la misma forma, el Máster en Ciencias y subdirector de Psicología del Instituto de Medicina Deportiva (IMD), quiso responder con la misma cercanía las interrogantes lanzadas para refrendar una labor más que vital para lograr resultados y que muchas veces se queda lejos de los reflectores en las más grandes hazañas deportivas. Se acerca la fiesta continental y las medallas también se ganan en el terreno de la mente.

–¿Cuáles son las principales variables psicológicas que se trabajan en la preparación de una delegación para unos Juegos Panamericanos?

–Como parte de la preparación psicológica que se realiza de cara a los Juegos de Lima, los especialistas de la subdirección de psicología del Instituto de Medicina del Deporte, área que presta servicios a las disciplinas de alto rendimiento de nuestro sistema deportivo, ha tenido en cuenta, en primer lugar, el aspecto motivacional. Específicamente, la intensidad del motivo deportivo de nuestros atletas, que se expresa, por ejemplo, en cuánto tiempo o actividades pertenecientes a otras esferas de su vida personal el atleta es capaz de sacrificar para dedicarlo a la práctica.

“En ello juega un papel muy importante la reflexión consciente del atleta acerca de lo que la práctica representa para él –aquí el psicólogo puede incidir–, y cómo a través de ella logra la satisfacción de un grupo de necesidades con determinada importancia, por lo que esta se convierte en una tendencia orientadora de la personalidad, contenido psicológico imprescindible para el cultivo de las habilidades atléticas y la puesta en forma.

“Particularmente en el área de la motivación deportiva las razones de carácter instrumental, específicamente los que tienen que ver con el balance entre las expectativas de resultado versus expectativas de autoeficacia, han sido abordados de manera sistemática. Esto involucra el sentido que la competencia tiene para el atleta, los propósitos que hacia ella se ha propuesto, pero más importante aún la conducta que asume ante las ejecuciones deportivas puntualmente.

“En muchos casos los atletas se orientan a las ejecuciones con una obsesión hacia la obtención de un título o un puesto en el podio. De esta forma, actúan con una tendencia parcializada hacia la búsqueda del éxito en la competencia, pero pasan por alto aspectos que son esenciales, como la calidad o efectividad técnica y/o táctica de la ejecución deportiva. En cambio los atletas que combinan balanceadamente el deseo de ganar –que no es malo en determinada dosis– con una orientación de la conducta hacia la consecución del éxito suelen mostrar un mejor desempeño.

“En este sentido, el foco de la atención se dirige a la tarea propiamente para que al atleta le importe más acercarse a la perfección técnica, por lo tanto sus movimientos serán más fluidos y libres de tensión muscular innecesaria. De igual manera, el fracaso parcial puede superarse con más facilidad, pues el atleta reconoce y atribuye correctamente sus errores a elementos sobre los que percibe tener control y puede modificar.

“La autovaloración del deportista es otro elemento muy trabajado en la preparación. Se puede diferenciar la autovaloración general, que son los juicios y valoraciones que el atleta hace o tiene acerca de sí mismo como persona o como deportista, de las valoraciones parciales que realiza, por ejemplo, de su propia ejecución o actuación en un determinado momento. En la medida en que el deportista refleje mejor en su mente la calidad de sus actuaciones, el estado físico en que se encuentra y el nivel de desarrollo técnico logrado, entre otras cualidades atléticas, en mejores condiciones estará de rendir”.

–En el caso de Cuba, después de Toronto y Barranquilla, ¿cómo lograr que las expectativas de resultados sean altas en los atletas?

–Es cierto que la actuación de Toronto puede haber dejado un mal sabor en nuestra población y en la familia del deporte. Tampoco debe negarse que perder la hegemonía en juegos centroamericanos luego de tantos años puede afectar la confianza de algunos en el resultado a obtener como delegación. Conscientes de ello se han emprendido algunas acciones, por ejemplo, se redactaron recomendaciones médico-psicológicas en un folleto que acompañará a los atletas en Lima.

“El vector motivacional de carácter procesal aporta energía a la conducta y forma parte de las reflexiones que ayudan al atleta a convencerse de la importancia de prepararse y dar el máximo compitiendo. Pero para rendir mejor lo recomendable, desde el punto de vista psicopedagógico, es mantener el foco de la atención en los elementos que tienen que ver con la tarea deportiva.

“Creemos que cada atleta debe ser muy consciente de que cuanto mejor sea su actuación individual tanto mayor será su contribución al resultado de la delegación cubana”.

–Cómo asimilan atletas y entrenadores la intervención del psicólogo?

–Hemos tenido sobradas muestras de aceptación por el demostrado aporte de nuestra especialidad a los resultados. En los últimos tiempos las acciones, tanto de diagnóstico como de intervención, no solo son bien asimiladas sino reclamadas por nuestros atletas y entrenadores.

“Nuestros preparadores han entendido el insustituible rol del psicólogo dentro del colectivo. Han aprendido a hacer uso de la útil herramienta que constituye el control psicológico sistemático del deportista y la asimilación del entrenamiento. Las comisiones y federación deportivas, conscientes también de ello, favorecen cada vez más la participación activa de nuestros especialistas en momentos cruciales, como las bases de entrenamiento en condiciones de altitud”.

–¿Con qué fuerza cuenta el IMD para el trabajo psicológico en el alto rendimiento?

–La subdirección de psicología en el IMD cuenta con una plantilla de 36 psicólogos especialistas. Esta nómina permite ofrecer cobertura al deporte de alto rendimiento a razón de casi un psicólogo por deporte. Nuestro grupo se caracteriza fundamentalmente por la juventud de la mayoría de sus miembros. Siete cuentan con grado de máster y ocho se encuentran en proceso de obtenerlo. Además dentro del grupo contamos con cuatro Doctores en Ciencias, dos compañeros en vías de formación como tales y cuatro psicólogos adiestrados. A esto, sumar la acción de un par de técnicos en psicometría.

El tercer lugar centroamericano de decatlón, Briander Rivero, enfrenta en el terreno una prueba de adecuación autovalorativa./ Fotos: Cortesía del Entrevistado
El tercer lugar centroamericano de decatlón, Briander Rivero, enfrenta en el terreno una prueba de adecuación autovalorativa./ Fotos: Cortesía del Entrevistado

–¿Cómo es el trabajo del psicólogo en unos Juegos Múltiples?

–Es diferente en todas las etapas, sus acentos los dicta la propia preparación. En las fases competitivas la acción se dirige a la respuesta emocional, el manejo de los imprevistos y las herramientas psicológicas para mantener el rendimiento aun en las más difíciles condiciones.

“En unos juegos el trabajo tiene otras características. Los días previos al inicio de la justa se insiste en cuestiones vinculadas con la adaptación a las condiciones de la sede. Igualmente, se trabaja en el esclarecimiento o definición concreta de los objetivos competitivos, se dedica tiempo al repaso de soluciones alternativas ante determinados planteamientos tácticos del contrario, y, sobre todo, se intenta elevar la autoconfianza.
“Hay deportes donde el modo de competir y el reglamento admite que los entrenadores y también los psicólogos interactuemos con los atletas, por ejemplo, en los entretiempos, entre combates o incluso entre acción y acción. En esos momentos han demostrado ser eficaces intervenciones dirigidas a rebasar una ejecución fracasada, para reorientar el foco de la atención. Pero también puede ocurrir lo contrario, hay deportistas o colectivos que sobrevaloran sus éxitos parciales y eso también pude perjudicar el rendimiento posterior, por lo tanto una oportuna intervención psicológica puede hacer la diferencia.

“Hemos adoptado varias estrategias para las citas multideportivas, la más importante es la creación de una ficha o expediente digital de cada miembro de la delegación, confeccionado por el psicólogo que atiende regularmente el deporte, y que constituye un documento de apoyo imprescindible. Esta ficha es una suerte de fotografía psicológica que contiene datos técnicos, relacionados con la personalidad del atleta, su modo particular y habitual de comportarse y reaccionar en condiciones de competencia.

“Por lo general la ficha permite que el psicólogo en competencia se informe en detalles acerca del deportista y pueda decidir qué intervención movilizar o qué recomendaciones hacer al entrenador en caso de necesitarlo. Sin embargo, no es difícil suponer que si se tratara del especialista que habitualmente trabaja con el atleta o el grupo, quien tiene ganado un rapport y por ende se facilita la comunicación, las intervenciones aumentarían sus probabilidades de éxito”.

–¿Cuántos deben laborar en Lima?

–Inicialmente se informó de que nuestro grupo estaría representado por tres, cifra muy pequeña para el total de atletas que participarán en estos juegos. Después se redujo la comitiva a solo dos. Por lo general ha sido así, el número en nuestras delegaciones deportivas es pequeño.

“Pero aun así el trabajo se realiza y han sido más los éxitos que los fracasos. No dejamos de creer y de estar esperanzados en el aumento del número en las delegaciones que nos representan en juegos multidisciplinarios, lo que sería directamente proporcional a los éxitos de nuestros atletas”.

Verdaderos héroes anónimos de nuestro movimiento deportivo, los que como César tienen que aprender a lidiar con un grupo tan heterogéneo como los deportistas, sobre todo por las peculiares condiciones de la actividad en la mayor Isla antillana.

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