Por: Joel García/ Trabajadores

En las últimas semanas varios peloteros cubanos que jugaron en la Major League Baseball (MLB) realizaron sus correspondientes trámites de repatriación y han solicitado representar a sus respectivas provincias en la venidera Serie Nacional. Otros que no llegaron a tan alto nivel, pero estuvieron en ligas profesionales del Caribe también han regresado con el mismo interés y la próxima temporada apunta a ser una de las más atractivas de los últimos años solo por el hecho de reunir un poco más de figuras de calidad, que deberán redundar en un mejor espectáculo.

Nuestros equipos de balonmano han concentrado desde el 2018 para los eventos fundamentales el talento de jugadores que andaban por ligas europeas, no todos contratados inicialmente por el INDER. Las medallas centrocaribeñas llegaron con calificativos de Dream Team en Barranquilla y los podios panamericanos en Lima están en sus miras hoy con un respeto total por parte de las potencias de esa disciplina en el continente.

La más reciente nota de la Federación Cubana de Voleibol sobre la oficialización de reinsertarse al registro de nuestros equipos de los otroras integrantes de la selección nacional Robertlandy Simón, Michael Sánchez y Raydel Hierrezuelo abrió las esperanzas también de un cambio real en cuanto a una vieja polémica que nuestro movimiento deportivo rehusó abordar por razones diversas en las últimas dos décadas, cuando más de 300 nombres tomaron otros rumbos: ¿irse, regresar y jugar es posible?

Reglas claras en un deporte cambiante 

El caso de los voleibolistas ha sido quizás el más publicitado por los medios cubanos y extranjeros en los últimos días. Y es lógico que así sea, pues esa disciplina y esos nombres, junto a otros que ya se nacionalizaron por Italia, Brasil, Polonia u otras naciones, marcaron una época dorada con títulos en Ligas Mundiales y medallas regionales, panamericanas y universales.

Sin embargo, la discreción y privacidad solicitada por Simón en su Facebook es comprensible, dado que es un proceso de negociación sin precedente entre atleta-federación, basado en las reglas implementadas por el organismo deportivo como parte de la política de contratación de deportistas, que nunca excluyó el proceso a la inversa, aunque no fue su prioridad o esencia.

Es decir, y aquí estriba el punto cardinal, no es lo mismo negociar desde Cuba un contrato para una liga extranjera a una joven promesa o figura consagrada, que negociar cuánto puede ser la contribución o impuesto para quienes han tenido y tienen contratos independientes, pero quieren contribuir a la Federación Nacional con parte de sus ganancias y retornar al equipo nacional si así lo amerita su rendimiento.

Es imprescindible dejar claro en este momento del análisis que no todo el que ha virado es porque fracasó en su empeño y vienen buscando una tabla de salvación. Los hay derrotados como todo acto de emigración económica (el deporte lo es), pero los hay también victoriosos. Simón es uno de esos últimos ejemplos. Ha jugado en Europa y Asia y se proclamó recientemente campeón en Italia con el club Lube Civitanova.

La particularidad del voleibol y quizás de otros deportes hacia el futuro en temas de contratación será, por solo citar un punto peliagudo, cómo asumir el concepto de mánager, agente o representante del deportista. En el acuerdo Federación Cubana de Béisbol- MLB de diciembre del 2018 y paralizado por decisión del gobierno estadounidense de Donald Trump esa figura aparecía y estaba en los términos aprobados.

Prepararnos entonces para conseguir una relación ventajosa de ambas partes en ese asunto, a tono con el contexto internacional, es un camino riesgoso, pero necesario cruzar. Una y otra vez coincidimos en que Cuba debe trabajar en formar sus propios agentes deportivos, capaces de dominar leyes y procedimientos jurídicos en el mundo deportivo,  sin tener que llegar a cobrarles hasta un 30 % de intereses del contrato alcanzado, como pasa con algunos abusadores agentes internacionales.

El fenómeno va muchos más lejos

Durante los últimos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016,  casi una veintena de cubanos, formados casi todos en la pirámide del alto rendimiento (escuelas de iniciación- equipos juveniles y selecciones nacionales) compitieron por 11 países y seis resultaron medallistas, lo cual llamó la atención a periodistas y aficionados.

Entre ellos, es cierto también, había quienes renunciaron a seguir con los equipos nacionales y abandonaron en una gira preparatoria (condenable siempre y quizás los más difíciles de aceptar todavía por la asociación directa a traicionar la unidad de un equipo y a sus propios compañeros). Pero la mayoría no clasificaban en ese apartado. Era emigrantes legales o nacidos en Cuba que se fueron con sus familias de pequeño o a partir de la aprobación de la Política Migratoria en el 2013, es decir pasaporte personal en mano y por el aeropuerto.

Las preguntas que nos hicimos entonces tienen vigencia hoy. ¿Todos compitieron agradecidos por esas banderas que representaban o hubieran preferido hacerlo con nosotros? ¿Por qué no pudieron hacerlo aunque hubieran querido? ¿Debemos mantener la postura actual o pensar en nuevas reglas del juego a partir de que es creciente e indetenible ese fenómeno y no siempre está marcado por cuestiones políticas?

De sobra es conocido que, según el sistema de participación deportiva del INDER, para integrar un equipo nacional debe antes haber pasado por un sistema de competencias en el país, específicamente eventos locales o torneos nacionales, que le hagan merecedor de llegar a vestir la franela de las cuatro letras.

Sin embargo, qué puede limitar la realización de convocatorias para deportistas cubanos que viven en el exterior y cumplen con la nueva política migratoria del país. Estamos hablando, como sucede ya en muchas naciones, específicamente subdesarrolladas, de torneos eliminatorios en Cuba antes de una cita múltiple o campeonato mundial, cuyos ganadores tendrían el derecho de representarnos luego, siempre y cuando conquisten ese derecho con sus resultados y desde ese momento acepten estar bajo las indicaciones de nuestros avezados técnicos.

El béisbol es tal vez la disciplina con más fuga de talentos en los últimos 20 años, pero no ha sido el centro de este análisis. Hemos hablado más del voleibol por las noticias recientes, aunque pudiéramos referirnos a luchadores, esgrimistas, polistas, baloncestistas, judocas, boxeadores, pesistas, por solo mencionar algunos que andan por el mundo deseosos de una oportunidad justa, pues su condición de emigrado no está reñida con el orgullo de celebrar una medalla en el lugar que los vio nacer.

El país ha dado pasos similares a esta propuesta en sectores tan estratégicos como la Salud Pública. Orden y reglas del juego claras y renovadoras deben y pueden valorarse ya por las autoridades deportivas. El tiempo lo va exigiendo y no solo para ganar medallas o asumir posturas de vencido o vencedor, sino también para seguir creciendo en una actividad que nos hace a todos sentir orgullo de ser cubanos.