Robertlandy Simón Aties es un gigante. Quien entiende de voleibol alucina porque se trata de uno de los jugadores más trascendentales del panorama contemporáneo de este deporte. Quien no entiende nada de aces o tie break, también porque al fin y al cabo mide 2.08m y ese no es precisamente el prototipo de un hombre común.

Robertlandy Simón nació para ser deportista y el voleibol le ofreció un camino. Debutó con “el Cuba” allá por el año 2004, con 17 años, y para el 2005 ya era titular y capitán de la selección mayor de nuestra isla.

Eran ya los tiempos en los que casi todo el mundo se iba y Simón también se fue. El gigante se fue en 2010, tras el Campeonato Mundial. Aquel mundial en el que Cuba fue segundo, por segunda vez en la historia.

Dice que un buen día despertó y sin desperezarse decidió que se marchaba. Estaba cansado de todo y de todos por acá;
y era el momento perfecto para llegar, poco importaba a dónde, y triunfar.

Por eso se fue a Italia y triunfó. Luego anduvo por Corea del Sur y causó sensación. Aterrizó, más tarde en Brasil y brilló con luz propia. Y esta temporada ha regresado a Italia, emplantillado en un gran Cucine Lube Civitanova que ganó el torneo doméstico y la Liga de Campeones de Europa.

Pero el éxito profesional de Simón es en cierta medida incompleto. El gigante no sabe lo que es jugar unos Juegos Olímpicos y tiene solo 10 partidos disputados en Campeonato Mundial. A sus 31 años probablemente lo único que le falte es sentir la adrenalina del evento deportivo más importante del mundo. Sensaciones por las cuales ha intentado tramitar su participación internacional con las federaciones de Italia, Argentina, Canadá y Bulgaria, sin éxito. También lo ha intentado con Cuba.

“He buscado cambiar mi ciudadanía, buscando una alternativa. He hecho bastante por esto. Si alguien quiere incorporarme a su equipo nacional yo estoy disponible”, declaró tras recibir de parte de Bulgaria la última de las negativas.

Reconoce que no va a colgar las armas en su misión de conquistar la codiciada internacionalidad para disputar el sagrado torneo bajo los cinco aros. La suerte, teniendo en cuenta que este hombre clasifica entre los 10 voleibolistas más cotizados del planeta, no le ha acompañado. Y Cuba,  ….Cuba (Federación Cubana de Voleibol) se permite el derecho de imponer precios (y no se trata de dinero) demasiado altos, para los tiempos que corren. Lo ha constatado él, y otros tantos, tantas veces.

Pese a todo, la presencia de Simón en nuestra tierra trae a colación el voleibol y sus demonios. Son tiempos complejos, a ratos ideales, para dar el ansiado golpe sobre la mesa y demostrar que tenemos la voluntad de cambiar; de perfeccionar todas esas cosas que en papeles se dice han de ser cambiadas. El voleibol cubano vive otro de esos tantos momentos en los que alguno de sus últimos vestigios ha sido capaz de ilusionar a quienes tienen –aun- la valentía de ilusionarse. Entonces volvemos a reflexionar sobre esa capacidad única que tenemos para dar a luz tantos jugadores de raza inexpugnable. Sobre cómo somos carne de primera, al mejor precio en el mercado internacional y de cuanta tolerancia se debe tener para lidiar con semejante parsimonia con la sempiterna sangría del talento.

Ahí fuera hay decenas de cubanos y cubanas militando en los mejores escenarios para el deporte de malla alta en el mundo. Hay cubanos jugando voleibol hasta en la Conchinchina. Jugado y poniendo a Cuba en alto. Dentro,  aun cuando algún que otro nombre ya despunta, solo tenemos a unos cuantos chicos y chicas, y nada más.

Hemos tardado tanto que es natural hayamos perdido de órbita a los mejores: Wilfredo León, por ejemplo, es a los efectos del deporte polaco, Osmani Juantorena italiano y Yoandy Leal brasileño. Sin embargo, Simón sigue ahí. Inexplicablemente, sigue ahí, …aquí.

El #13 cumplirá 32 el venidero día 11 de junio. Ojalá, por él, por nosotros y por nuestro deporte, lo festeje a cabalidad.

Alea iacta est

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