Por: Dr.C. Francisco Enrique García Ucha / Tomado de Jit

La estrategia para la actuación y las relaciones en el ámbito del deporte figura entre los problemas más agudos del quehacer profesional del sicólogo.

¿Cómo evitar los conflictos que aparecen como consecuencia de la práctica? ¿Cómo evitar contradicciones con las tareas del entrenador? ¿Cómo interactuar con especialistas de otras ramas?

Gran parte de lo que el sicólogo puede realizar con deportistas, entrenadores, grupos y organizaciones depende de lo que estos sepan y esperen de esa ciencia, y de su propia actuación.

Por eso se viene analizando el modo de operar frente a las tareas, más allá del uso de los métodos, las técnicas y los procedimientos de intervención. El propósito es fortalecer el desarrollo de la disciplina en este ámbito.

El trabajo del sicólogo tiene como objetivo la formación y desarrollo de pautas de conducta en el deportista que sirvan de base a las acciones del entrenador y las organizaciones, pero su labor enfrenta usualmente dificultades y resistencias.

La estrategia general seguida por los sicólogos se ha denominado encuadre de la tarea, y se define como la forma de estructurar el trabajo, de manera que la propia actuación o la de otros no dificulten los objetivos perseguidos. Este enfoque ha sido descrito por J. Bleger.

El encuadre de la tarea posee su técnica y se traduce en el conjunto de operaciones y condiciones que conducen a su establecimiento.

Un punto de partida pudiera ser el señalado por B. Ogilvie, consistente en establecer la credibilidad del sicólogo y su ciencia. La tendencia indica que cada vez más este se vincula al equipo de trabajo y actúa junto al preparador, con vistas a garantizar las capacidades de los atletas.

No obstante, cuando a los deportistas y entrenadores se les pregunta acerca de qué esperan u opinan del sicólogo, en varios casos sus criterios se alejan del debido campo de acción.

Por regla general, señala J. Piaget, casi todo el mundo piensa que puede asumir el papel de sicólogo, y nada más lejos de la verdad. Al respecto pudiéramos decir, por citar un solo ejemplo, que la relación existente entre la personalidad del deportista y los rendimientos suponen factores confusos, cuya tesis implica estudios a partir de componentes biológicos, hereditarios, sociales, educacionales e ideológicos.

Las expectativas sobre la sicología están a veces vinculadas a la posición ante la vida de la persona. Al respecto, H. S. Sullivan señala que algunas piensan erróneamente que no deberían necesitar ayuda para resolver sus problemas, de ahí que sientan vergüenza cada vez que la necesitan o buscan.

Si bien el sicólogo debe cuidar las opiniones adversas y los prejuicios, las creencias excesivamente favorables también deben atenderse. Algunos pueden verle como un personaje de “varita mágica”, mediante el cual puede resolver todos los problemas que se le presentan en el equipo o la institución. Eso puede tener consecuencias nefastas sobre su trabajo y el del colectivo.

Otra de las dificultades está relacionada con la sicología misma: su imposibilidad de ofrecer soluciones inmediatas y precisas. Hay pocas preparadas de antemano, dada la complejidad del objeto de estudio. Por eso no debe cometerse el error de brindar falsas esperanzas o hacer pronósticos incumplibles.

El sicólogo debe tener presente que la aceptación como profesional se ofrece tentativamente y puede ser retirada, sobre todo cuando no se cumple lo que de él se espera.

De los planteamientos anteriores se deriva la necesidad del esclarecimiento del carácter de la tarea a realizar, eludiendo totalmente el verse comprometido con exigencias que no pueden cumplirse o se encuentran fuera de sus funciones.

Esta tarea debe efectuarse a todos los niveles del deporte y con  atletas, entrenadores, comisionados y directores. Ante todo debe solicitarse la aceptación explícita de su persona y sus tareas por la vía del esclarecimiento y no de la coerción.