por: Dariem Díaz

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El recién concluido 104 Campeonato Nacional de Fútbol dejó muchas lecciones. Lo primero es que varios equipos se mostraron con un desempeño interesante como es el caso de Artemisa, que en lo personal me gustó muchísimo y se quedaron muy cerca de disputar la final lo cual es muy meritorio. Mucho tiene que ver en ello su director, Osmín Hernández, que fuera un gran jugador y ha sabido imponer su clase desde el banquillo.

Es importante resaltar al conjunto de Cienfuegos, Guantánamo o el propio Villa Clara que muestra una imagen renovada. De Cienfuegos quiero resaltar la identidad futbolística que han defendido a través de los años, tienen un estilo, tratan bien el balón y son fieles a su filosofía lo cual es muy remarcable. El Campeonato Nacional me gustó mucho; fue bien peleado y muy competitivo.

¿La final?

La serie final se jugó con mucha entrega. Fueron dos partidos jugados con toda entereza. Hay que felicitar a Santiago de Cuba por retener el título y mantener su supremacía.

Hay que felicitar también al equipo Habana, porque estuvieron a menos de 90 minutos de ser campeones, con una generación de jugadores que es extremadamente joven. Hay mucho futuro en ese conjunto.

Ambos equipos salieron al terreno con la opción de respetar sus estilos de juego y lo lograron. Santiago sostuvo su tradición de jugar un fútbol rápido y directo, buscando adelantar balones y ganar las espaldas de los defensas y La Habana siempre intentó hacer ese juego de asociaciones que los llevó hasta la final.

El choque se jugó en el Marrero fue muy bello. Santiago apretó fuerte desde el principio y quebró las líneas de un Habana que es, ante todo, inexperto. Lo que hicieron en el segundo tiempo es muestra del carácter de estos muchachos que pudieron asentarse sobre el campo y remontar con anotaciones de buena factura.

En la vuelta, los Diablos Rojos sacaron la casta. Jugando en casa, se sabía que iban a defender con uñas y dientes su título.

Es una verdadera lástima las condiciones en las que se jugó. El terreno anuló las opciones de disfrutar de un fútbol bonito y empañó también la final del fútbol cubano. La cancha nos jugó esa mala pasada porque, aunque los equipos se entregaron al máximo, bajo semejantes condiciones del terreno es prácticamente imposible dar un buen espectáculo.