Los miedos del Barça

8 mayo, 2019

por: Andy Bermellón

Los Miedos del Barca

Una vez más el fútbol demuestra que es uno de los deportes más impredecibles que existen. Lo vivido en la noche de este 7 de mayo en Anfield, es una muestra más que fehaciente, de que los pronósticos están para romperse. En Inglaterra volvió aparecer, el fantasma del Olímpico de Roma, del Barcelona. 

Al igual que el pasado año, el equipo blaugrana dejó escapar una ventaja cómoda, casi imposible de remontar. En aquel entonces el griego Manolas sentenció de cabeza tras el cobro del corner, a solo cinco minutos del final. En Anfield fue Origi quien se vistió de verdugo y en la misma situación de juego puso el balón a besar las redes, tras un caso error defensivo de todo el Barcelona. Parecía una imagen repetida, pero en diferentes momentos y ejecutores. El belga puso la bola casi parecida a la de Manolas en el Olímpico. En esta ocasión la desconcentración táctica de los cules y la picardía de Arnold pudieron más que el fútbol que hasta entonces había desplegado el Barca para poder alzar el trofeo soñado.

Aunque se diga y no se crea el Barca está fuera de la disputa del título después de dibujar una goleada en casa hace una semana. El Liverpool asombrosamente ganó en su feudo sin acercarse remotamente al fútbol desplegado en Camp Nou, donde merecieron al menos haber anotado dos veces. Defensa exacta y precisa fue la que encontraron en España y un Ter Stegen mas resolutivo que un muro.

En Anfield más allá del coraje, sus mejores aliados, fueron los errores en defensa que se hicieron costumbre en la saga del Barca. Aunque no se crea las cuatro dianas fabricadas por los de Klopp nacieron de errores de los chicos de Valverde.

Alba en estos 90 minutos echó por tierra la fabulosa temporada que estaba firmando. El lateral español cometió tres errores que costaron tres conversiones de los rojos de Liverpool. La primera en una cesión innecesaria, en la que dejó el balón corto para Lenglet y fue aprovechada por el rival y que terminó con una parada del portero blaugrana, pero con una defensa temerosa y tambaleante que no pudo corregir a tiempo para que Origi firmara, al minuto 6, su primer tanto de la noche.

En el gol de Winaldum perdió en ataque una pelota que generó un contragolpe letal conducido por Henderson y Alexander Arnold quién centró raso buscando los pies de Origi y Mané, pero un cierto roce con Lenglet le permitió al holandés llegar desde atrás y rematar a placer, ante un Ter Stegen que seguía impetuoso, pero que sentía el fantasma del Olímpico, más cerca que los propios aficionados que llegaron Anfieldd.

Pero lo de Alba siguió siendo nefasto cuando fue atrapado entre los mediocampistas del Liverpool, con la eliminatoria empatada y terminó perdiendo nuevamente el balón en zona ofensiva, pero esta vez, concediendo el saque de esquina que quedará en la memoria de todos. En la jugada Alba estaba totalmente de espalda a los pensamientos de Arnold, la imagen de las cámaras lo delata. Nunca estuvo concentrado en el tramo final del partido. Tanto así, que prefirió estar de frente a Origi, para ser el testigo más convencido de la hecatombe del Barca. Si el técnico alemán no hubiese sido tan conservador en Barcelona, el Liverpool hubiese sacado una mejor renta. De las cuatro dianas tres llegaron por ataques continuos a la banda que defiende Alba. En Anfieldd no estuvo Salah, pero si un Alexander Arnold, que cede mucho en defensa, pero tiene mucho más ofensiva para proponer. Con él y el egipcio en la grama del Camp Nou, los tres goles del Barca habían sido más que insuficientes.

Continuando con los errores tanto Piqué como Lenglet se fueron contagiando con las inseguridades que surgían a medida que avanzaba el partido y desnudaban aún más a la saga culé, que nunca pudo frenar el coraje que pusieron los chicos de Klopp. El segundo gol de Winaldum nació de una desconexión de los dos centrales que se quedaron clavados totalmente en el suelo y no salieron a disputar un balón que no traía tanto morbo. El resultado menos esperado había llegado a Anfieldd, empate en el global, casi similar al milagro de Estambul. Gerard hoy estuvo allí, y posiblemente, en su mente se haya reproducido aquella película de una noche mágica ante el glamuroso Milán de Kaká. Si, el Liverpool propuso menos fútbol en Anfieldd, y, aun así, fueron más efectivos que en la ida.

En Anfield puede haber muchos señalados, tantos que en la Ciudad Condal no habrá gloria ante la incumplida promesa de regresar esta temporada con el trofeo más preciado, el que se resiste desde 2015. Todos tienen la culpa, porque son un equipo y como reza el slogan blaugrana, más que un club.

Muchos saldrán a cuestionar a Valverde, Messi, Suárez, o hasta el propio Ter Stegen, pero el Barca no jugo a nada en defensa. No sirvió de nada sacar la casta y de controlar los tiempos del partido.

A Valverde le cuestiono no haber enfrentado con un mejor carácter la eliminatoria. Si hace una semana el encendió las alarmas del mal juego que hicieron y de la falta de control del balón que tuvieron. Es cierto que alineaciones ganadoras no se cambian, es su salvedad, pero variantes tenía con un marcador tan abultado y con el beneficio de anotar al menos una vez en Anfieldd, para romper el maleficio y sepultar las aspiraciones de un equipo inspirado. Acusó de su consentimiento al tener a un Coutihno irreconocible en cancha. Lo del brasileño la propia afición del Barca lo avizoraba con sus fuertes críticas en los partidos como local. Coutihno no es el mismo que llegó hace un año a las filas blaugrana. Aquel que enamoró con su fútbol, sus regates y las excelentes diagonales que le llevaron hacer ídolo en Liverpool. En su lugar el tecnico vasco podría darle entrada a Arthur para tener más control de balón y una mentalidad más amplia en cuanto a opciones de juego. O al propio Dembelé que quedó descartado de la eliminatoria, no sabemos si por inmadurez de no sentenciar a los rojos, con el cuarto gol en Camp Nou.

En Liverpool Valverde tenía otras variantes muy funcionales, que hubiesen servido para frenar el empuje inglés. Era un partido para explotar la velocidad de Semedo por el carril de la derecha, tener más tenencia de balón con Arthur y tres recuperadores natos como Vidal, Rakitic y Busquets. Para dejar como siempre ha sido después de la salida de Neymar a un Messi y Suarez en punta de ataque. Su apuesta fue difícil, confio en el resurgir de sus jugadores y terminó pecando nuevamente. Muchos se acordarán de Dembelé, por su inmadurez, pero tambien había espacio para el en la noche de Anfieldd. Tanto como regular como desde la banca. Con su entrada podrían frenar más las embestidas de Alexander Arnold y aprovechar su velocidad en esos espacios.

Para Messi siempre habrá críticas por ser el estandarte más visible de la generación dorada del Barca. Por ser él que prometió en agosto de 2018 que haría lo imposible por devolverle el sueño de la orejona a la afición culé. Por lo capitán que es y por ser el mejor de la historia. Esta vez considero que hay muy poco que reprocharle. Messi sentenció la eliminatoria desde el Camp Nou, cuando frotó la lámpara y mando a soñar a todos con una nueva final. En los 180 minutos contra Liverpool, el Barca fue inferior en casi todos los aspectos. En la Ciudad Condal sacaron provecho al conservadurismo de Klopp, que renunció a sus armas por temor a ser goleado. El tiempo le dio la razón y no por darse cuenta sino porque no le quedó de otra.

En Anfieldd el rosarino fue el que propuso todo en el ataque culé, que no fue tan efectivo por las inseguridades de Coutihno, la desconexión de Suarez y de las precisas atajadas de Allison Bécquer. Klopp tiene que agradecerle a la noche que tuvo el meta brasileño al hogar las cuatro oportunidades claras que generó el Barca. Ahogándole en par de ocasiones a Messi y Coutihno. Tambien a Suárez y Alba en dos manos a mano, los cuales servirían para soñar con Madrid.

La Pulga sirvió cuatro asistencias, ninguna besó las redes. Disparó bajo palos en cuatro oportunidades y en múltiples ocasiones sus embestidas eran acompañadas solamente por camisetas rojas.

Con la victoria de los Rojos de Liverpool sobre el Barca, Anfieldd se vuelve a recordar de las noches mágicas de Champions, primero por repetir la hazaña de estar en su segunda final consecutiva. Segundo por devolverle el sueño a una afición que espera por un título y tercero por ser la bestia negra del fútbol culé en las instancias decisivas de este torneo. Barca no ha podido superar una eliminatoria ante Liverpool en Champions.

Con la derrota va cerrándose un ciclo en el fútbol culé. Esta a la mirada de todos era una temporada para emular con la de Pep Guardiola y sus seis asombros títulos en una temporada. En noventas minutos se fueron los sueños, se derrumbaron las promesas y quedaron las deudas, esas que se arrastran cuando se hacen favores y terminas pidiéndolos.

Ahora Liverpool espera pacientemente. En su horizonte tendrá, quizás, un duelo de Premier o un baño de fútbol total. Los Spurs con la eliminatoria a cuesta y ausencias notables en el once inicial saldrán por la remontada ante un rival que no tiene complejos y que por ahora es el matagigantes de esta edición de Champioms. El Ajax tiene mucho que ganar y poco que perder. Si pasa a la final será el rival más temido que el propio Liverpool o Barca podrían encontrar en Madrid.

Para Klopp será una prueba de fuego y en su historial pesan dos finales y nunca las ha podido ganar. Se podría decir que el técnico alemán no ha tenido suerte en partidos únicos, perdiendo ante el Bayer Múnich y el Real Madrid en dos finales donde sus equipos salían con la etiqueta de favorito. Ante Ajax o Tottenham tendrá que obrar fino porque ambas escuadras llegan sin un historial muy reciente en cuanto a éxito en este tipo de torneo.

Los fantasmas de Roma volvieron aparecer. El fútbol siempre será un deporte lleno de mística, pero ya se hace costumbre o habitual, por asi decirlo, los miedos del Barca.