El 4x100 y la importancia de aprovechar el momento

6 mayo, 2019

por: Eddy L. Nápoles

En el atletismo criollo, las pruebas de velocidad – sobre todo los 100metros planos- destacaron en épocas pasadas, cuando se lograron conquistar dos medallas de plata, en Juegos Olímpicos (Enrique Figuerola, en Tokio 1964 y Silvio Leonard en Moscú 1980). Años en los que también otros atletas se vistieron de finalistas en citas estivales.

Eran otros tiempos y los velocistas cubanos se codeaban de tú a tú con los estadounidenses, canadienses, franceses y los incipientes jamaicanos. Pero sucedió que los antes mencionados continuaron progresando en esta prueba, y hasta se sumaron muchos otros protagonistas mientras que los criollos caían en una sustancial fase de  estancamiento que ha llegado hasta la actualidad.

Esta “tregua” en la prueba reina del atletismo, no impidió el logro de preseas olímpicas en una especialidad que está estrechamente relacionada: el relevo 4x100 metros. En la memoria están los terceros lugares de las postas cubanas en los podios de los Juegos Olímpicos de, Barcelona 1992 y Sydney 2000. Sin olvidar, por supuesto, la presea de plata lograda en México 1968. Claro, que estas medallas de bronce tienen un valor extra, pues se conquistaron sin contar con atletas de grandes rendimientos individuales. Son medallas reflejan el fruto de un trabajo sistemático y bien planificado, que tuvo como aspecto principal la coordinación en la entrega y recibo del batón, entre cada uno de los corredores que integraron las cuartetas.

Actualmente podríamos ser testigo de buenas actuaciones, pues los 100 metros masculinos, con los progresos de Roberto Skyers y Reynier Mena, viven su mejor momento, desde 1977, cuando Silvio Leonard marcó aquel mítico 9.98.

El incremento de los resultados, aunque son estimulantes, todavía no garantizan el acceso a las medallas en Juegos Olímpicos o Campeonato Mundiales, pero sí pueden aupar a la posta de 4x100, como otrora ocurrió en Barcelona, Sydney y en menor medida, en el mundial de Atenas 1997.

Curiosamente, los mejores resultados de Cuba en el 4x100, ósea los 38.00 segundos realizados por la posta criolla en la Ciudad Condal, los 38.04 logrados en Sydney y los 38.06 en Atenas, no se apuntalaron en los resultados individuales de los corredores sino que dependieron de una ejecución exacta en la sincronización y coordinación, sobre todo, en cada uno de los cambios de batón.

Los integrantes del relevo 4x100 que tomó parte en los Juegos Olímpicos de Barcelona, al momento de correr en el entonces Estadio Olímpico Montjuic presentaban los siguientes registros individuales: Joel Isasi, segunda curva, 10.21 (Caracas, 27 de junio); Joel Lamela, recta norte, 10.33 (Caracas, 27 de junio); Andrés Simón, arrancador, 10.34 (Kingston, 2 de mayo) y Jorge Luis Aguilera, finalista, 10.38 (Caracas, 27 de junio).

La cuarteta que corrió en el Estadio Olímpico de Sydney (Telstra Stadium), exhibía las siguientes marcas individuales previas:  Freddy Mayola, finalista, 10.14 (La Habana, 27 de julio); Luis Alberto Pérez-Rionda, recta norte, 10.25 (La Habana, 27 de julio); José Ángel César, arrancador, 10.36 (La Habana, 27 de julio) e Iván García, segunda curva, 10.54 en 100 (La Habana, 25 de febrero) y 20.59 en 200 metros (Madrid, 18 de julio).

En tanto, la posta que logró el cuarto lugar (38.15) en el Estadio Olímpico de Atenas y había corrido 38.06 en semifinales, se presentada así: Luis Alberto Pérez-Rionda, finalista, 10.18 (La Habana, 13 de junio); Iván García, segunda curva, 10.21 (Bratislava, 13 de junio); Misael Ortiz, recta norte, 10.27 (La Habana, 5 de junio) y Alfredo García, arrancador, corrió posterior al mundial, 10.50 (Andújar, 3 de septiembre).

Los corredores que hipotéticamente pueden conformar el relevo cubano en nuestros días son: Roberto Skyers, 9.98 (Camagüey, 22 de febrero), Reynier Mena, 10.02 Camagüey,  22 de febrero), Harlyn Pérez, 10.17 (Camagüey, 22 de febrero) y  Arnaldo Romero, 10.41 (Camagüey, 22 de febrero); todos con registros superiores a todas las anteriores, aunque como hemos dicho ello no garantiza el éxito, es innegable que se trata de una circunstancia muy favorable para asaltar la historia de esta prueba.

Si profundizamos y promediamos los resultados individuales de los integrantes de cada cuarteta, encontramos que: los que corrieron en Barcelona lograron 10.31 segundos, penúltimo rendimiento, pero realizaron el mejor tiempo (38.00).

 Los que corrieron en Sydney obtienen 10.32, el peor promedio, pero lograron el segundo mejor crono (38.04) y los que actuaron en Atenas, alcanzaron el mejor promedio (10.29), pero realizaron el peor crono (38.06) de los tres ejemplos citados.

Estos datos estadísticos, no son más que la confirmación, de que en el caso de Cuba está demostrado que los mejores rendimientos en esta prueba han llegado con una excelente coordinación en cada uno de los componentes técnicos que intervienen en ella, ya sea la entrega y recibo del batón, la ubicación en la zona de cambio y la correcta distribución de los corredores en el relevo atendiendo a las características de estos.

Se conoce que la cuarteta que intervino en Barcelona, contó con un ciclo preparatorio, muy bien diseñado y estructurado, en el que fueron definidos los objetivos de cada etapa  una vez que se fueron cumplimentando estos, los rendimientos iban certificando lo ejecutado, como ocurrió, el 27 de junio en Caracas, cuando marcaron 38.63; el 13 
de julio en Salamanca, con 38.53 segundos y los días 18 y 19 de julio  (39.13 y 39.19), en el Iberoamericano de Sevilla. Estos resultados previos, más que, la marca como tal, le permitió evaluar a la estructura técnica del atletismo cubano que el trabajo realizado 
daría sus frutos en la cita olímpica. Como finalmente sucedió.

Hoy estamos en presencia de una nueva generación de velocistas que ha sido capaz de tener, por primera vez en la historia, a tres corredores con registros inferiores a 10.20 segundos, incluyendo a uno por debajo de los 10.00 segundos.

Ahora, lo importante en este caso es saber aprovechar el momento; un momento único que viven la velocidad cubana. Toca, entonces, diseñar una estrategia de trabajo de cara al 4x100, en la que tomen parte, tanto, los entrenadores actuales, como aquellos que lo hicieron para Barcelona’92. Lamentablemente ya no contamos con la presencia física de Irolán Hechavarría, líder de aquel proyecto, pero tenemos al alcance de nuestras manos la sapiencia de Silvia Chivás y Tomás Pedroso que secundaban a Hechavarría. Además de Andrés Simón, Joel Lamela y Jorge Luis Aguilera, participantes directos de la hazaña y afortunadamente, vinculados al atletismo, en plenas condiciones de aportar sus conocimientos y, sobre todo, las memorias de las experiencias vividas.