Desde Doha, donde se ha disputado la 23ra edición del Campeonato de Asia, trasciende la victoria de Ernest John Obiena con 5.71 metros en el salto con pértiga.

El muchacho de Filipinas ha sido noticia debido a su relevante actuación, con la que ha dejado atrás a los chinos Wei Zhang (5.66) y Bokai Huang (5.66), favoritos, por rendimiento y tradición.

Es lo mejor de su vida, quien entrenado por su padre Emerson Obiena. también había intentado con las vallas, con un mejor rendimiento de 14.39 segundos logrado en 2017.

De su relación con la garrocha hay evidencias desde 2012. Según las estadísticas oficiales de la IAAF ese año se apuntó un mejor salto de 4.50 metros. Tenía entonces 17 años.

En 2018 le aparece un registro de 5.51 metros como lo más destacado (en 2017 había hecho 5.61), de ahí que su mejoría de un año a otro sea de 20 centímetros, por ahora. Antes en el período en curso, había logrado el título nacional con 5.36m.

Lo de Obiena también trasciende porque detrás de su figura reaparece Vitaly Afanasevich Petrov; el coach ucraniano reconocido internacionalmente por su capacidad para pacer este tipo de “milagros”

Petrov fue el hombre detrás de la carrera de Sergei Bubka y por sus manos pasó también el italiano Giuseppe Gibilisco, que ganó el título mundial en 2003 y fue bronce olímpico en 2004.

Entre 2005 y 2011, Yelena Isinbayeva llegó a Formia (donde Petrov tiene su cuartel general) para ponerse a sus órdenes. Fue un tiempo pródigo pues consiguió mantenerse en la cima, con varios títulos importantes y primacías del orbe.

Visto así,  Vitaly clasifica como uno de los genios para entrenar esta prueba. Se le considera un mago, pues de alguna manera todo lo que toca se convierte en oro.  Yo, en cambio, no le tengo fe.

Creo que trabaja los atletas con objetivos demasiado concretos. Tiene un sistema tan rígido que veces deja la impresión de que no importa si se les va –literalmente- la vida en el camino.  Allá por 2009, gente que anduvo por Formia da fe de una Isinbayeva totalmente extenuada, con lágrimas en los ojos, cumpliendo una rutina que terminaba solo cuando lograra unos 20 saltos válidos con la liga sobre los 4.80 metros.

Gibilisco, por cierto, prácticamente desapareció tras el 2004. Fue opacado por las lesiones y terminó señalado por relacionarse con personajes vinculados con casos de dopaje en Italia como el Doctor Carlo Santuccione que le llevaron a cumplir una suspensión de 2 años.

Isinbayeva se fue de sus manos muy maltrecha físicamente, cuestión que confirmó Evgeny Trofimov cuando decidió volverla a entrenar.

Fabiana Murer y Thiago Braz son otros de sus pupilos destacados. La primera ya se ha despedido de las pistas y el segundo, luego de ser titular olímpico en 2016, no ha vuelto a reencontrarse con aquella versión de sí mismo que lo llevó a ser profeta en su tierra.

Con Vitaly muchísimas dudas, aunque es justo admitir que el brillo de sus conquistas basta y sobra para encumbrarle.  El hombre es, en cualquier caso, un viejo zorro en estas huestes. Con procedimientos de trabajo muy bien definidos, a ratos se dedica a captar atletas que ya tienen un proceso de formación para “perfeccionarlos” con sus métodos. Con Robeilys Peinado, por ejemplo, tuvo éxito, y la venezolana corrió tras la luz de su prestigio; con Yarisley Silva no, porque la cubana no hizo caso cuando en algún momento, ahora un tanto lejano, el hombre intentó reclutarla.

Obiena vive su momento. Es desde ahora el recordista nacional, y de los Campeonatos de Asia. Ha hecho una marca personal que, aunque no le sitúa en la élite, le dará oportunidad de codearse alguna que otra vez con los mejores.

Es el camino soñado para un chico que viene de una nación con escasa idea de lo que es brillar en este deporte. Todo sucede a sus 23 años. Que el tiempo diga la última palabra.

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