La fuga del talento

13 abril, 2019

por: Reynier Batista

Allá por el año 1996 hubo un retiro masivo de peloteros. Es un hecho imposible de olvidar, porque se le dijo adiós, así de golpe y porrazo, a unos 50 jugadores de alcurnia en nuestra pelota. En un primer momento, el asunto clasificó como un paso necesario para que algunos de ellos pudieran ir a jugar en otros sitios, aprovechando los últimos años de su carrera. Pero apelando al sentido común, ¿era, desde un punto de vista deportivo, justo?

 Pues sí, claro que se podía. En aquel entonces se podía. Aquí teníamos un semillero de peloteros. Cientos de ellos pidiendo una oportunidad para jugar con sus respectivas provincias. En la generación que emergía, figuraban, Carlos Tabares y Ariel Pestano, por solo citar un par de ejemplos.

En tanto, entre los que se marcharon estaba, Víctor Mesa en plena forma, a sus 35 años. Luego –y por voluntad propia- decidieron dejar de jugar Omar Linares (35), German Mesa (35) y Osmani Urrutia que solo tenía 33. Pero a esta hora no pretendo analizar a todo aquel que se retiró, lo que busco es reflexionar sobre lo halagüeño que era el panorama de la pelota cubana en aquel entonces, que nos podíamos permitir el lujo de prescindir de tantos hombres con mucho para aportar, como Orestes Kindelán, por citar otro, y aun así, el nivel se mantuvo.

Con el paso de los años, todo se vuelve diferente. La vida – el béisbol- ha dado tantas vueltas que son muchos los que brincan de alegría ante la posibilidad de ver jugar a hombres como Yunieski Betancourt y Alexei Ramírez con 37 años, o Leslie Anderson a sus 36.

La diferencia entre las dos épocas son los talentos. Antes estaban aquí, hoy están allá. Una fatalidad geográfica – por llamarlo de alguna manera- de la que seguiremos siendo testigos. Pues lamentablemente, la pérdida de uno, otro y otro de los que aún nos quedan, muy pronto empezará a ser.

Es obvio que nos posea la añoranza. La afición quiere ver a estos hombres que gastaron sus mejores años en tierras lejanas, por ello no dudo que se llenarán estadios de concretarse su participación, pero lo que no podemos es llegar a pensar que su inclusión en nuestra Serie Nacional va a solventar todos los problemas cualitativos que enfrenta nuestro campeonato doméstico.

La calidad de la Serie Nacional está altamente comprometida luego de tantos años de éxodo desmedido. Problema este que se sostendrá en el tiempo, y probablemente hasta se agudice luego del lamentable retroceso que supone la anulación, por parte de la administración de Donald Trump, del acuerdo pactado entre la Federación Cubana y la MLB.

Por muchos años Cuba ha sido una cantera de jugadores excepcionales. Al margen de las carencias materiales que existen en la base, Cuba ha sido capaz de seguir formando peloteros de calidad contrastada, aquí y allá. De aquí siguen saliendo figuras de la talla de José Abreu, Yulieski Gurriel o Aroldis Chapman. El hecho de que la Serie Nacional no viva su mejor momento no significa que la pelota cubana haya dejado de ser potencia en el mundo y la prueba es que en cuanta liga exista en este mundo mundial, hay al menos un cubano que clasifica entre sus estrellas.

La diferencia entre las dos épocas son los talentos. Antes estaban aquí, hoy están allá. Una fatalidad geográfica – por llamarlo de alguna manera- de la que seguiremos siendo testigos. Pues lamentablemente, la pérdida de uno, otro y otro de los que aún nos quedan, muy pronto empezará a ser

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