Uriarte y Jiménez serán los máximos responsables de la recepción cubana. (FIVB)

Por: Rudens Tembrás/Cubahora

La selección masculina cubana jugará este año en el segundo nivel cualitativo de la XXVI Liga Mundial de Voleibol (LMV). Ello significa un paso de avance respecto a la pasada temporada, pero implica a su vez importantes retos y riesgos de cara al futuro.

Luego de liderar el tercer segmento liguero en la edición del 2014, y de finalizar ese propio año en el onceno puesto del Campeonato Mundial de Polonia, el equipo nacional lucía en mejores condiciones para acercarse a la élite universal a la cual perteneció durante décadas.

Sin embargo, nuevas ausencias en la nómina indican que esa aspiración quedará postergada una vez más: el pasador Leandro Macías y los centrales Isbel Mesa y David Fiel solicitaron sus bajas del plantel, mientras que el líbero Keibel Gutiérrez se acogió al retiro. Cuatro “baches” de esa profundidad son muy difíciles de tapar rápidamente, al menos en las actuales condiciones del voleibol cubano.

Tales adversidades se sucedieron en La Habana poco tiempo después que el Consejo Mundial de la LMV suscribiera en Lausana que Cuba —por méritos propios— ascendería de nivel y volvería a recibir el más importante evento anual de la FIVB en su mítico Coliseo de la Ciudad Deportiva.

Entonces, renunciar al ascenso habría significado no solo perturbar a la federación internacional (multa incluida), sino también irrespetar al resto de los jugadores que hicieron posible el avance, y a la afición que sigue extrañando las noches mágicas del voleibol en el “platillo volador” de Vía Blanca y Boyeros.

El escenario acabó decorado de la siguiente forma: la renovada tropa de Rodolfo Sánchez actuará en el grupo C junto a Bulgaria, Argentina y Canadá, en busca de un solitario pasaje a la final del referido nivel, que a su vez entregará una papeleta para la disputa de las medallas programada en Río de Janeiro, Brasil, del 15 al 19 de julio venideros.

No es ocioso confirmar que las federaciones canadiense, argentina y búlgara han inscrito en la justa a la mayoría de sus estrellas, y que serán rivales de notable consideración para nuestro joven e inexperto elenco, cuyo alistamiento —meticuloso e intenso— ha transcurrido en la Escuela Nacional de Voleibol, sin apenas un partido internacional en casi seis meses.

Solamente el receptor-atacante Luis Javier Jiménez se ha mantenido al día competitivamente hablando, pues de enero a inicios de mayo se desempeñó en la Liga Profesional Griega, como parte del club Paok. Ojalá que el matancero pueda aportar a la selección tricolor toda la experiencia acumulaba en ese circuito, lo cual dependerá de que lesiones u otro tipo de percances no lo impidan.

Las figuras claves de la formación son ahora el opuesto y capitán Rolando Cepeda, los auxiliares Jiménez y Osmany Uriarte, el central Félix Chapman y el líbero Yonder García, todos de positiva actuación en la campaña anterior. Sobre ellos recaerá básicamente la tarea de llevar adelante a un equipo caracterizado por su excelente condición física, una buena ofensiva y la entrega total sobre el mondoflex.

Las mayores dudas merodean la posición de pasador, donde el joven villaclareño Ricardo Calvo (18 años) ha recibido la titularidad y responderá por la exactitud y variedad en la entrega de balones, sinónimo de ejecutar la estrategia general del juego cubano. Tiene a su favor buenas estatura, saltabilidad y manejo de la pelota, así como una actitud competitiva destacable. Le falta experiencia y la consiguiente madurez del pensamiento táctico, y habrá que ver cómo reacciona a la presión que no faltará cuando suene el silbato.

Los atacantes de esquina Lázaro Fundora e Inovel Romero, el cruzado Osniel Rendón, el armador Yosvany González y los principales Liván Osoria y Dariel Albo son las restantes armas con que nuestro colectivo técnico afrontará las series iniciales ante Canadá y Argentina, en las urbes de Calgary y Mendoza, respectivamente.

Osoria acompañará a Chapman en la sexteta titular, en tanto los restantes convocados saldrán al trazado en más de una ocasión, para sofocar las situaciones de crisis o dar descanso a los estelares en los trances de juego que así lo aconsejen.

Sánchez ha reconocido que dividir honores frente a norteños y albicelestes, como visitantes, sería algo fabuloso, pues luego intentarían aprovechar al máximo los seis choques consecutivos previstos en La Habana. Sus palabras delatan las ilusiones clasificatorias que perviven, pese a los tropiezos de los últimos meses.

Según mis cálculos, llegar a la final del segundo nivel, calendariada para la ciudad búlgara de Varna a inicios de julio, exigirá como mínimo siete triunfos. Esa cifra asusta tomando en cuenta la calidad de los oponentes.

Por tanto, más que clasificar, lo esencial parece estar en cumplir una fase preliminar equilibrada (de 4 a 6 victorias), en la cual no se desplome el orgullo de una selección que acto seguido tendrá que enfrentar su compromiso fundamental del año: los XVII Juegos Panamericanos de Toronto.

Adicionalmente, ganar el número de partidos que mencioné impediría otro colapso no menos dramático: el financiero. Recuérdese que la LMV es un certamen eminentemente comercial, en el cual nuestra selección debe reunir con triunfos deportivos el monto de inscripción que le adelantan los organizadores.

El honor, el orgullo, la historia, la permanencia y los “centavos” es todo lo que está en juego ahora. Suficiente para que no falten tensiones en las próximas semanas. Ya comentaremos…

 

 

 

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