ben El otrora velocista norteño retornó este miércoles a la pista del capitalino coliseo olímpico de Jamsil y realizó allí una carrera simbólica hasta la meta. Al cruzarla, repitió el famoso gesto triunfal, con el dedo levantado, que inmortalizó sus victorias en la grama olímpica.

Su primera huella en citas cuatrienales fueron sendas medallas de bronce en 100 lisos y relevos 4×100 metros de la edición de Los Ángeles-1984.

Cuatro años más tarde, con exactitud el 24 de septiembre, Johnson se impuso al estadounidense Carl Lewis y estableció un nuevo récord mundial con crono de 9.79 segundos, que luego le fue retirado junto a su metal dorado, cuando el control antidopaje reveló un consumo de esteroides.

«Estoy seguro de que podría haber ganado los Juegos Olímpicos (de Seúl) sin tomar nada», reconoció Johnson en declaraciones a medios de prensa presentes en la instalación.

Pese a reprobar mi conducta aún en la actualidad, por consumir una bebida que contenía estanozolol, creo que el castigo impuesto resultó un tanto excesivo, añadió.

Después de ese escándalo, el atleta de origen jamaicano reapareció en las pistas tres años más tarde y compitió en los Juegos de Barcelona-1992, pero fue eliminado en semifinales.

Cinco meses después volvió a incurrir en esta ilegalidad deportiva y fue sancionado a perpetuidad en 1993, tras dar positivo por niveles excesivos de testosterona.

Johnson, de 51 años, recordó además que la mayoría de los corredores que compitieron junto a él en la capital surcoreana habían consumido drogas y dieron positivo en años posteriores, o estuvieron de alguna manera implicados en casos de dopaje.

Por ello, la final de Seúl-1988 se conoce como «la carrera más sucia de la historia» en los anales del campo y pista, pues cuatro de los demás finalistas -el propio Lewis, el británico Linford Christie, el estadounidense Dennis Mitchell y el también canadiense Desai Williams- resultaron involucrados en escándalos de dopaje.

El apodado Hijo del Viento, atleta más laureado de todos los tiempos con nueve títulos olímpicos, dio positivo por estimulantes en un control rutinario luego de las clasificaciones estadounidenses de ese año, aunque fue finalmente absuelto por contaminación de los complementos alimentarios que ingirió.

Christie, medallista de plata en esa cita por detrás de Lewis, superó luego ese resultado, al conquistar el metal dorado en la edición barcelonista bajo los cinco aros, pero a partir de 1994 su carrera fue en descenso, hasta que cinco años después le declararon culpable por utilizar sustancias prohibidas.

Mitchell, especialista en relevos de 4×100 metros, pero ganador de la presea bronceada de manera individual en Barcelona-1992, enfrentó una suspensión de dos años tras comprobarse elevados niveles de testosterona en su organismo en 1998.

Por último, Williams, ocupante del sexto escaño en la final de Seúl con registro de 10.11 segundos, estuvo estrechamente vinculado al caso de su compatriota por estar afiliado al club Scarborough Optimists Track, en el cual su entrenador Charlie Francis -de conjunto con el Dr. Jamie Astaphan- suministró drogas para mejorar el rendimiento de los miembros del equipo canadiense.

Problema vigente

Sin embargo, al cabo de un cuarto de siglo, el atletismo no consigue dejar atrás este estigma del consumo de sustancias prohibidas; este mismo año probó ser un ejemplo fehaciente de esta extendida práctica.

El estadounidense Tyson Gay, segundo corredor más rápido de la historia en el hectómetro, y los jamaicanos Asafa Powell -explusmarquista mundial de la distancia- y Verónica Campbell-Brown, doble titular olímpica en 200 metros, fueron suspendidos por incurrir en la misma falta, apenas semanas antes del Mundial de Moscú.

«Los controles puede que hayan mejorado y ganado en precisión, pero las sustancias también han progresado», destacó Johnson.

El excorredor agregó que en estos momentos presenta una nueva oportunidad y pretende liderar esta campaña mundial contra el dopaje para redimirse y servir de ejemplo a las generaciones futuras, para que escojan el camino adecuado.

«Envío entonces un mensaje a las generaciones de jóvenes atletas: no hagan trampas, no tomen drogas en el deporte», concluyó poco antes de tomar impulso hacia la meta en el Jamsil, evocando quizás al otrora misil humano capaz de dominar las pistas, sin engaños y por méritos propios

  Tomado de Prensa Latina

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