torres Por Lilian Cid, Maite López y Andy Bermellón/Especial para Cubahora

Con 1.75 metros de estatura es difícil, si el talento excepcional no es característica que prima, ser referente en el voleibol de ayer, de hoy y de siempre. Misión cuasi imposible dentro de un país con tanta tradición firmada a manos de fenomenales voleibolistas como Cuba. Sin embargo, Mireya Luis se liberó de todos los estereotipos y conquistó con maestría sus espacios y encantó a millones.

La camagüeyana regaló remates desde sus 15 años de edad dentro de un conjunto que se agenció —entre otros cientos de triunfos—, tres títulos olímpicos y la historia del deporte de la malla alta lo colocó como mejor equipo de voleibol femenino del pasado siglo (XX).

La opinión de la veloz y espectacular jugadora, retirada desde el año 2000, pero activa en sus responsabilidades organizativas tanto a nivel nacional como en varios organismos internacionales: Comité Ejecutivo y el Consejo de Administración de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de voleibol (NORCECA), no podía faltar en esta serie de trabajos que pretenden analizar la última década del voleibol femenino cubano desde la óptica de varios de sus protagonistas.

—¿Cómo valora la última década del voleibol femenino cubano?

—No es un secreto para nadie que esta década, salvo algunas victorias puntuales como la de Rio 2007, no ha estado caracterizada por el mejor desempeño y organización de nuestro deporte.

“En ello hay un antecedente marcado por el retiro de muchas de las jugadoras que militaron en el gran equipo conocido como las Espectaculares Morenas del Caribe. Sin embargo, el voleibol cubano logró mantenerse en la elite, apoyado, sobre todo, por el excelente trabajo de formación que se realizaba en nuestro deporte en aras de garantizar el relevo generacional, sin perder muchos espacios en la arena internacional, al menos hasta los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

“A partir de ese año, se inicia una fase en la que quizás hubo un poco de desconexión, ya que muchas personas de las que llevaban los hilos se retiraron o pasaron a cumplir otras funciones y la gente joven que se quedó con la responsabilidad no logró mantener la mano fuerte y con ello descendió igualmente el rendimiento del equipo. Ello, unido a una serie de cambios de concepciones y estrategias que no se hicieron, fueron los factores que atentaron en contra del buen desempeño del voleibol femenino cubano”.

—¿De qué cambios habla usted?

—De estrategias técnico-tácticas que no lograron ponerse en práctica, estrategias deportivas, estrategias en disciplina, cosas que había que cambiar y no se cambiaron.

“Por ejemplo, hay una etapa en la que se probó la experiencia de salir a explorar otras ligas. No le fue igual a todos, a unos les fue bien a otros no tanto, pero más allá de esto, pienso que desde el punto de vista técnico aprendimos mucho y sin embargo, se prescindió de este recurso.

“Jugar fuera nos enseñó muchas cosas, a mi me las enseñó. Me enseñó a cuidarme, a planificarme y a prepararme, todo ello sin la ayuda constante de médicos, masajistas y psicólogos. La experiencia me convirtió en una jugadora de mucha profesionalidad. Siempre se confunde el término con el dinero que una puede ganar. Y en realidad, ser profesionales en lo que hacemos incluye una serie de valores y una serie de elementos que son claves a la hora de asumir con seriedad nuestro trabajo y que van más allá del significado de ganar dinero por ello.

“Yo estuve en Italia y la gente cuando me veía solamente me decía estás en Italia, ganaste una pila de pesos… Pero más allá de eso, como te decía, Italia me dejó lecciones deportivas, y me convirtió en una persona más preparada. Mejoré mi inglés, tuve que aprender a hablar italiano y tuve que conocer a fondo todos los detalles de ser una atleta de alto rendimiento que tiene —por encima de todo— la responsabilidad de cuidarse y de rendir al máximo cada vez que salga a la cancha. Estos elementos no los tuvimos en cuenta a la hora de valorar y sopesar los dividendos que arrojaba la experiencia. En su lugar, dejamos que los atletas comenzaran a pensar individualmente y perdimos el espacio de hablar nosotros: los atletas, delegados técnicos, profesores, en fin, todos los que teníamos la misión de ser la voz por la experiencia acumulada. Fallamos en eso. No explicamos lo que es el profesionalismo y lo que dejaba, lo bueno y lo malo.

“El silencio se impuso y así perdimos a mucha gente porque no todos son capaces de asumir una posición inteligente y simplemente se quedaron con la negación del asunto. No tengo dudas de que estas cosas se valoraron a nivel de Federación y de la Dirección del INDER, pero la comunicación no fue consecuente.

“Hoy, más que nunca, nos enfrentamos a un enorme reto, porque a las generaciones actuales hay que hablarles mucho y explicarles. Darles un trato diferente, explicar lo que representa cada uno de ellos y también darles posibilidades, estimularlos, en fin… La estrategia tiene que cambiar porque la época que se vive, así lo supone.

“Aún muchas de estas muchachas ven en atletas de mi generación a sus referentes y la pregunta de ellos siempre es: —¿Profe, por qué si usted pudo ir, nosotras no?—. Y aunque siempre busco una solución o trato de darle las razones, te confieso que es verdaderamente difícil de explicarles el porqué ellas no tienen la posibilidad que, para bien o para mal, muchas de nosotras tuvimos”.

—¿Cuáles son las debilidades del equipo actual?

—Creo que la dirección del equipo no es tan sólida y cuando un equipo sufre esto, las debilidades van a aparecer siempre. Aunque hoy veas que todas las morenas lleguemos acá y le demos besos y abrazos a Eugenio George; más allá de ello hay un respeto enorme. Yo recuerdo que cuando Eugenio se paraba en la formación, a mi me daban ganas de ir al baño. Y si estaba bravo, lo único que querías era salir del terreno corriendo. Pero así mismo era capaz de llegarte, de hacerte entender en todo momento tu papel y de sacar lo mejor de ti bajo cualquier circunstancia. Eugenio sabía formar jugadoras que no le tenían miedo a la responsabilidad y cada atleta es el fiel reflejo de lo que sabe inculcarle su equipo técnico.

“La dirección de nuestros equipos trasciende las fronteras del voleibol, los encargados de dirigir temen mucho a la responsabilidad, y temen a enfrentarse a las cosas. Y no se puede perder de vista que el entrenador es quien conduce la obra de un deportista, tanto en su paso por el deporte, como en su paso por la vida”.

—¿Qué potencialidades observa en las muchachas, de manera general?

—Veo una cantera preciosa, niñas que en el terreno pintan a Magalys Carvajal, a Reglita Torres. Veo talento y condiciones, pues tienen un físico ideal y poseen las cualidades básicas para ser buenas en el voleibol. Tenemos deportistas porque de alguna manera aún nos queda esa fortaleza de captar talentos desde edades bien tempranas, pero hay que trabajar bastante.

—Estructura nacional competitiva para el desarrollo de talentos… ¿Existe y funciona?

—Existe, pero está muy floja. Planificamos muchas cosas y se pueden hacer muy pocas por cuestiones de recursos. Esta es una de las líneas sobre las que hay que trabajar porque este factor es un eslabón fundamental, el hecho de competir, de tener admiradores y tener rivalidad juega un papel a nivel motivacional en un atleta.

“Sin embargo, hoy nuestros atletas casi que hacen rechazo a jugar en los torneos aquí. Y pasa porque tienen que enfrentarse a condiciones muy duras, se tienen que alojar en lugares que no les brindan el mínimo de confort y estas situaciones también terminan por reflejarse en ese stress que acumulan nuestros atletas, que los conduce a no valorar lo que tienen aquí y un mes después, están en China o en Japón, enfrentándose a un mundo totalmente diferente.

“Nosotros tenemos que solventar estos cambios, y mejorar las condiciones, y hacer un campeonato nacional competitivo. Un torneo que verdaderamente rinda los dividendos que el voleibol femenino y el voleibol en general necesitan para salir adelante”.

—Si colocamos en una balanza el entrenamiento y el fogueo internacional…

—Son dos factores que se complementan. Hay que entrenar porque es ahí donde se concibe la base y la formación técnico-táctica del atleta y del equipo. Pero también hay que competir porque solo así puede medirse la objetividad de los entrenamientos.

—¿Qué opinión sostiene usted ante la posibilidad de que los atletas cubanos jueguen en la arena internacional, que se inserten en otras ligas…?

—Yo pienso que se puede hacer, aunque estoy de acuerdo en que tiene que ponerse en práctica de una manera organizada. No es decir que hay que salir y ya… No es así, no podemos ir a todas las ligas porque a nosotros no nos miran de la misma manera y no nos utilizan sanamente en todos los lugares de este mundo. Por ejemplo, a Japón podemos ir, porque allí nos cuidan y enseñan, nos contratan por la calidad de personas que podemos ser y no solo por lo bien que podamos jugar.

“Allí se disfruta vernos jugar, pero a la vez se agradece que sean los cubanos los que estén jugando y en todos los lugares no es así. Entonces hay que valorar con profundidad, pero teniendo presente que la solución no está en negarse a la posibilidad de permitir que estos muchachos y muchachas tengan la oportunidad.

“Hay que saber a quiénes podemos mandar, pero también a dónde podemos enviarlos. Conducir este proyecto con criterio técnico como factor de decisión es la clave para que su puesta en marcha sea sinónimo verdadero de éxito para el voleibol cubano”.

—¿Por qué tantas bajas en el equipo femenino actual?

—Todo va relacionado. Hay mucha gente alrededor de los atletas conduciendo e incidiendo en su vida. Falta dirección, conducción y también, convicción.

“Ser deportista de Alto Rendimiento amerita mucho compromiso y no faltar a las responsabilidades que asumimos cuando decidimos ponernos al servicio de nuestro equipo.

“Yo recuerdo que firmé un contrato sobre mis responsabilidades ante el equipo técnico cuando ya ellos vieron en mí a una jugadora que podría rendir frutos. Era una estrategia interna en la que me explicaban que no podía salir embarazada, que para casarme tenía que pedir permiso, en fin, cuestiones de disciplina. En 1986, cuando salí embarazada, tuve mi niña y por el nivel de compromiso que yo tenía con mi selección me fui para el mundial a los nueve días de haber dado a luz. Gracias a la vida no me pasó nada, pero es un ejemplo. Ahora ya no es así, y soy del criterio de que deberían estar normadas, incluso bajo un marco legal, para certificar la permanencia y para garantizar también que nuestros atletas nos den el máximo de sí cada día.

“Estamos perdiendo tiempo. Yo a veces escucho a muchos dirigentes decir si se quiere ir, que se vaya. Vamos a perder dos o tres pero ganaremos otros tantos y no es así. Nosotros no podemos perder esos dos o tres. Porque con cada uno de ellos se nos va todo un proceso de formación y no puede seguir pasando que cuando ese atleta tiene que empezar a rendir dice que se quiere ir. En este asunto no pierde nadie más que Cuba. Porque pierde al atleta y pierde prestigio también.

“Los escritos que salen en los diarios extranjeros para referir la llegada de un atleta nuestro a otra liga por decisión propia siempre tienen detrás muchos “porqués” y en ellos se expresan todas las razones que quiera dar esa persona que hace pública la nota. Y ahí se nos va todo… El sistema cubano está pensado para que ellos se desarrollen, rindan y para que permanezcan y esto hoy está fallando.

“A mí me dolió mucho cuando llegó Yanelis Santos y me dijo: —Profe, yo me voy. Aquí me siento mal—. En fin… la misma película. Y no es ella sola, son varios, en ambos sexos, y nos quedamos sin equipo, y no hacemos nada. Porque los que se van son los que ya tienen nombre.

“Yanelis, premiada como la mejor atleta femenina de deportes colectivos en Cuba en el 2012, y ahora en proceso de irse del equipo. Con ella no vale el si se quiere ir que se vaya, no, Yanelis Santos tiene que permanecer con nosotros aquí. Hay que sentarse con ella, hay que pelear por ella porque no puede ser”.

—Desde la óptica de una mujer como usted que fue parte activa del equipo más glorioso y laureado del siglo pasado, ¿cómo vivió Mireya Luis el momento en que Cuba se quedaba fuera de Londres 2013?

—Imagínate… eso fue… Eso fue como un golpe bajo, de verdad que sí. Yo no miré la olimpiada, no pude verla.

“Mi esposo creó un restaurant en mi honor que se llama Las Tres Medallas y la gente iba a ver los partidos allí y puedo contar casi con los dedos de las manos a los que me pudieron ver allí.

“Para mí fue muy duro, y para Reglita también. Quizás porque nos tocó verlo desde dentro. Regla es parte del colectivo técnico y yo fui Jefa de la Delegación para ambos torneos clasificatorios olímpicos: el de NORCECA y el de Asia.

“Verlas perder con un equipo que nosotros enseñamos a jugar voleibol fue muy duro, y para las muchachas fue muy duro también. Pero la cuestión es que ya no había tiempo. Para estar en esos Juegos Olímpicos e incluso hoy, para buscar una clasificación olímpica, hay que trabajar todos los días, durante cuatro años, como dice Eugenio”.

—¿Cuál es la premisa para reinsertar a Cuba en el nivel mundial?

—Primero tenemos que hacer crecer la población de atletas en el voleibol. Que la preparación de los atletas se profundice en la base y que lleguen con mejores opciones a las categorías superiores.

“Hay que trabajar en la preparación político-ideológica del atleta y no es que ellos piensen diferente sino que hoy, partiendo del concepto de que un buen revolucionario es aquel que cumple todas sus responsabilidades a cabalidad y lo hace con rendimiento favorable, hoy nuestros atletas no son todo lo revolucionarios que pudieran ser, precisamente por eso, porque ya no son todo lo grandes que pueden llegar a ser. Y en esta concepción hay que educarlos y reformarlos.

“Tampoco podemos traicionar los métodos que nos hicieron ser la mejor escuela del mundo, con adaptaciones al contexto actual, pero hay que encausar nuestras acciones nuevamente sobre ese rumbo. Sobre la base de esas ideas se están tratando de enrumbar todas las acciones que, como Federación, ponemos en marcha. Se harán todos los cambios que sean necesarios hasta encontrar la clave para recuperar los éxitos.

“Pienso que hay tiempo, hay que competir lo mejor que podamos y aprovechar todos los espacios para ganar experiencia y competitividad de manera que esto nos permita regresar en Rio 2016”.

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