OSCAR FERNANDEZ VILLAR/Perarnau Magazine

Jenn Suhr, anteriormente llamada Stuczynski (mucho agradecieron los periodistas su matrimonio), se convertía el pasado fin de semana en la nueva plusmarquista mundial de salto de pértiga. Suhr lograba pasar el listón situado a 5.02 m. en el transcurso de los campeonatos de Estados Unidos en pista cubierta. El nuevo récord supone una mejora de un centímetro sobre la anterior marca, en poder de Yelena Isinbayeva. La norteamericana superaba todas las alturas en su primer intento: 4.65, 4.70, 4.80, 4.90 y 5.02. Luego intentaría infructuosamente superar el listón situado a 5.07 (el récord de Isinbayeva al aire libre es de 5.06). Suhr lograba dos hechos históricos añadidos: ser la segunda mujer en superar la barrera de los 5 metros y, además, ser la única atleta que ha batido un récord del mundo en esta temporada invernal. Este registro supone su noveno récord de Estados Unidos y primer récord del mundo.

Las marcas que está consiguiendo Suhr tienen el valor añadido de que se trata de una persona celíaca y que consecuentemente tiene que extremar su alimentación. “Me alegro haber saltado los 5 metros, porque es una barrera mental”, dijo Suhr después de la hazaña.

La marca de Suhr fue realizada en Alburquerque (a 1.500 metros de altitud) con el beneficio de una pista flotante.

Buena parte de los récords del mundo de pértiga en pista cubierta se han batido en este tipo de pistas. La más conocida es la de Donetsk, donde repetidas veces se batieron distintos récords del mundo de esta disciplina. La benevolencia de esta pista la demuestra el hecho de que la segunda clasificada, Kylie Hustson, superara los 4.75, cuando su mejor marca hasta este año era de 4.52 y los últimos cuatro años ha conseguido su marca del año en esta misma pista del estado de Nuevo México.

Suhr es una atleta polivalente que llegó a esta disciplina tarde. En sus inicios practicó otros deportes: jugó al golf, fue jugadora de softbol y de baloncesto. Fue en esta disciplina donde más se ejercitó. En la temporada 2003-2004 promedió 24,3 puntos y 6,7 rebotes por partido para su equipo, el Roberts Wesleyan College Redhawks, que jugaban en la NCCAA (Nacional Christian College Athletic Association).

En el 2004, cuando contaba con 18 años, se acercó a ella Rick Suhr después de un partido de baloncesto. Suhr ,viendo sus cualidades físicas, le pidió que cambiara de disciplina, y ella, a pesar de su carrera exitosa en el baloncesto, accedió a probar. Con 10 meses de entrenamiento se proclamaba campeona estadounidense en pista cubierta. Al año siguiente ya lograba el título al aire libre y apenas dos años y medio más tarde batía por primera vez el récord de Estados Unidos que estaba en posesión de Stacy Dragila. Su mejor salto ese año fue de 4.88. Sin embargo, el año lo acababa mal ,mermada por las lesiones, quedando 10ª en el Mundial de Osaka. El 2008 compensó cualquier decepción que pudiera sufrir con anterioridad. En invierno vencía por tercera vez los campeonatos de Estados Unidos de pista cubierta y luego quedaba segunda en el mundial de pista cubierta de Valencia. En los USA Trials se jugaba el paso a los JJ. OO. Empezó a saltar en 4.60 y derribó el listón en los dos primeros intentos. De volver a fallar se quedaría sin título y, lo que era más importante, fuera de los JJ. OO. En ese último intentó logró superar el listón y cerró la competición saltando 4.92, registro que suponía nuevo récord nacional y, obviamente, le daba el pasaporte para Pekín 2008.

Pero en esa competición llegó la polémica. En la rueda de prensa posterior, Stuczynski (aún no estaba casada), al ser preguntada cómo pensaba ella que lo haría el equipo de estadounidense en Pekín, dijo: “Espero que podamos hacer algo de daño, y, ya sabes, patear algún trasero ruso”. Ella dijo que era una interjección de estímulo. “Era un momento muy emotivo y quería apoyar al equipo”, señaló con posterioridad la saltadora, “Rusia tenía un potente equipo en saltos, de hecho terminó 1ª, 3ª y 4ª. Yo lo que quería decir con esa expresión era un: ‘¡vamos, vamos!’. No vamos a a ir a allí a rodar y morir sin luchar“. Stuczynski continuaba, con posterioridad, intentado aclarar su frase. “No tenía la intención de ser maliciosa”, dijo, “sería muy estúpido por  mi parte salir a decir eso antes de mis primeros Juegos Olímpicos”.

Pero los medios de comunicación rusos aprovecharon la cita como un insulto personal a Isinbayeva, una de las atletas más populares en el mundo y que en esa época era la clara dominadora de la modalidad. La competición en Pekín transcurrió con normalidad: Isinbayeva lograba su segundo oro olímpico en pértiga. La rusa batía el récord el mundo y se iba a 5.05. Suhr cerraba un magnífico año, con una medalla de plata, saltando 4.80. Logro impensable 4 años antes, cuando se inició en la pértiga.

En la rueda de prensa posterior se le preguntaba a la rusa por la competición y le mandaba un recado lapidario a la norteamericana: “Ella debe respetarme y saber su posición. Ahora ella ya la sabe”. Pero este era un pequeño chubasco en comparación con la tormenta que se avecinaba. Las cámaras personalizadas que habitualmente siguen a los entrenadores captaban una intensa bronca de Rick Suhr a su pupila en medio de uno los saltos que había fallado. Los comentarios del entrenador señalaban que no había calentado bien, que la fase de suspensión estaba mal y reprochaba su actitud ante la competición. La regañina se extendió por los medios de comunicación y pronto comenzaron a llegar críticas a la actitud de Rick Suhr. Muchas personas no entendían cómo se podía estar regañando a una atleta después de ganar una plata olímpica, con solo cuatro años de entrenamiento y siendo derrotada por la mejor atleta del milenio. La gente envió furiosos, a veces feos, e-mails a la web de Suhr. Stuczynski salió en su defensa y dijo que solo hizo lo que ella esperaba que él hiciera. “Nada de lo que me dijo me pone triste”, comentaba, “soy un atleta profesional de 26 años de edad. Le pregunté al entrenador y el respondió. Creo que mucha gente no entiende que este es mi trabajo. Esto es lo que hago para ganarme la vida, y tengo que mejorar en lo que hago”.

Después de los JJ. OO. siguió su progresión invernal. Ganaba su cuarto título nacional pero después vinieron tiempos de travesía en el desierto: su tendón le empezó a causar complicaciones. Al aire libre volvía a ganar en el campeonato nacional, pero lo hacía con muchas molestias. La lesión en el tendón de Aquiles le hizo desistir en su intento de competir en el Mundial de Berlín. Fue el primer año de su carrera en el que no progresó.

El 2010 empezaba con el matrimonio entre entrenador y atleta. Jenn Stuczynski pasaba a ser Jenn Suhr, y con su nuevo apellido volvía a alcanzar el nivel que demostró dos años antes: saltaba 4.89 y lograba encabezar el ránking mundial en pértiga ese año. 2011 lo afrontaba con la mirada puesta en el Mundial de Daegu, pero repentinamente todo cambió cuando le empezaron a dar calambres y a sentirse mal en los entrenamientos. Ella se quejaba de que se encontraba muy fatigada. Después de los pertinentes análisis se descubrió que era celíaca. Le limitaba la alimentación, ya que tiene prohibida la ingesta de gluten. En Corea del Sur no lo hizo bien, quedó cuarta, pero acabó el año como primera del ránking mundial.

2012 empezó con problemas, nuevamente, en el tendón. Renunció a participar por este motivo en el mundial de pista cubierta de Estambul. Pero llegó en plenitud de condiciones físicas a los JJ. OO. y logró imponerse a Silva e Isinbayeva.

Suhr disfruta de los beneficios del entrenamiento en una localidad, Rochester, en el norte del estado de Nueva York. Entrena en un cobertizo que la protege de las constantes nevadas apodado El rocoso enfriador de carne y que consta de una pequeña pista cuesta arriba. El centro de entrenamiento, a apenas 50 metros de la casa de Suhr, es espartano y pone a prueba la capacidad de resistencia de la atleta.

Parte del éxito de Jenn Suhr es gracias al trabajo de su marido y entrenador Rick Suhr. Se trata de un antiguo luchador que alcanzó cierto nivel y que ha llevado una vida deportiva y personal ligada a su mejor atleta. Sus métodos, en algunos casos revolucionarios, no dejan indiferente a nadie. Sus detractores dicen que Rick Suhr tiene todos los estereotipos negativos que puede tener un entrenador. Es evidente que su estilo verbal no es siempre el más correcto. Por contra, uno de sus defensores comentaba que “Rick enseña más que el salto con pértiga, enseña tenacidad”. Un ejemplo de la dureza de sus métodos lo reflejaba la anécdota comentada por Suhr después de los JJ. OO. Ella comentó que estaba muy confiada porque por primera vez en su vida su marido y entrenador le había dicho, en los días previos a la competición, las palabras “vas a ganar”. Nunca con anterioridad se lo había dicho.

“Ha hecho mucho por mí. Su relación como entrenador es intensa. Pero es porque tiene esa pasión y sabe lo mucho que quiere esa pasión. Somos dos personas con esa misma pasión y empuje. En ello hemos puesto nuestros corazones, nuestra sangre, sudor y lágrimas. Por lo tanto, se trata de dos personas que trabajan para una misma meta”. Así definía su relación Jenny después de quedar campeona olímpica.

Vídeo del nuevo récord a cámara lenta.

 

 

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