30884-847-535  El mundo enfrenta una crisis que se agudiza a cada segundo. A los países del tercer mundo se han sumado varios de los del “Viejo continente”. Grecia, España e Italia se declaran derrotados al no poder salir de los negros agujeros en los que se han sumido sus respectivas economías.

Mas, el aprieto financiero rebasa los límites de las economías nacionales y se cuela en la jurisdicción de organizaciones deportivas, tanto a nivel nacional como continental y universal. Agrede a esas entidades que manejan una de las fuentes de ingreso más lucrativas del planeta; el talento humano puesto al servicio del deporte.

La crisis no perdona y, por estos tiempos, las cosas se ponen serias y feas para todos. En España, por escoger un ejemplo, los deportistas han agilizado el proceso para la búsqueda de alternativas laborales. Un trámite guiado por el Programa de Ayuda al Deportista de Alto Nivel (Proad), que normalmente vinculaba a los atletas a la vida laboral en la última etapa de su ciclo competitivo. Pero ahora, “con la que está cayendo”, le toca lidiar con un aumento vertiginoso de las solicitudes que supera el número que dicha organización es capaz de satisfacer, sobre todo debido a los crecientes recortes que sufre la economía de aquel país.

Recordistas nacionales y medallistas olímpicos como Ángel David Rodríguez (velocidad-Atletismo) y Luis Abajo Pirri (Esgrima) se ven envueltos en encrucijadas económicas que han obligado a transformarse en “deportistas a medio tiempo”; conjugando actividad laboral y atlética en cada jornada. Otros pintan peores, como el caso de la nadadora Mireia Belmonte, que sacó dos platas para España de las piscinas en Londres y se ha quedado sin entrenador y sin club pues el CN Sabadell decidió no renovarle su contrato.

Todo tiende a empeorar y el mundo es testigo de cómo ni siquiera la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) con sus asombrosas transacciones y/o la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), ponderada por lograr establecer un circuito internacional competitivo capaz de anular el papel de los clubes atléticos, han logrado escapar de la oscura sombra de la crisis económica que se expande sobre el planeta.

Nunca antes la situación había sido tan gris. La IAAF anunció que cancelaba algunos mítines del circuito de competiciones bajo techo debido a la retirada de varios de los patrocinadores de los mismos y la FIFA hizo público que los derechos televisivos para el Mundial de Brasil 2014 aún no han sido adquiridos por ninguna televisora.

Falta el dinero, y muchos se ahogan en sus propias cuentas sin encontrar una salida lucrativa para la “pena” que los agobia. Claro, esta es una problemática que ha estado latente desde hace un buen tiempo, solo que, como todo, tuvo que explotar para hacerse evidente.

Uno de los primeros puntos críticos llegó de la mano de la FIFA; a finales de diciembre de 2010 escogió a Rusia y Qatar como los organizadores de las próximas ediciones de Copa Mundial, provocando elevada polémica en torno a su decisión por el rechazo de ciudades con tradición como Madrid. La justificación era clara, aunque no pública: tanto Rusia como Qatar son potentes productores de petróleo y gas. Y en los tiempos que corren, donde los propietarios de tales yacimientos se han convertido en principales patrocinadores del “deporte más hermoso del mundo”; ¡¡cómo dudar de la elección!! Lo sucedido con el Chelsea FC de Roman Abramovich, el Málaga CF de Sheikh Abdullah Al Thani, el Paris Saint Germain (PSG) de Nasser Al-Khelaifi, Manchester City de Zayed Al-Nahyan y los 171 millones de euros que pagará “Qatar Airways” durante 5 temporadas al Barça por figurar en su camiseta, dan fe suficiente.

Adentrándonos en el tema de la organización de eventos de primer nivel encontraremos que la repartición de sedes ha entrado en un círculo interesante. Y es que las ciudades y países anfitriones se hacen recurrentes. Selección que no tengo argumentos para catalogar como injusta, ni mucho menos, pero que llega para confirmar lo dicho. Mientras buena parte del mundo se desgasta en buscar las razones para justificar el merecimiento del auspicio, la verdadera razón salta a la vista; dinero y/o experiencia.

Objetivamente, la organización de X o Y torneo ha sido concedida a ciudades o naciones que ante todo ya han organizado algún evento en los últimos tiempos, es decir, que repiten en calidad de organizadores y con ello acumulan razones, en materia de experticia e infraestructura, para asumir la nueva misión. Al mismo tiempo, tienden a ser naciones con recursos y un desarrollo creciente y sostenible; potencias en las que la crisis no ha desatado su mayor furia aún, al menos no, sobre las clases más influyentes y los grandes magnates que a fin de cuentas son quienes sustentan —y también reciben de vuelta parte de las ganancias de auspiciar— los acontecimientos deportivos. De lo anterior se deriva un detalle definitorio: la entidad deportiva mundial en cuestión puede “esquivar” —de alguna manera— la asignación de un capital exagerado como contribución a la organización de la competición. A pesar de que para algunos eventos hay cifras definidas.

Observemos solo estos casos como botón de muestra:

Copa Mundial FIFA: 2010-Sudafrica, 2014-Brasil, 2018-Rusia, 2022-Qatar .

Eurocopa: 2008-Austria y Suiza, 2012-Polonia y Ucrania, 2016-Francia (Su liga de fútbol ha sido totalmente “penetrada” por inversiones de capital por parte de los Emiratos Árabes).

IAAF Campeonato Mundial (outdoor): 2011-Daegu (Corea del Sur), 2013-Moscú, 2015-Beijing (China), 2017-Londres (Gran Bretaña).

IAAF Campeonato Mundial (indoor): 2010-Doha (Qatar), 2012-Estambul (Turquía), 2014-Sopot (Polonia).
Juegos Olímpicos de Verano: 2008-Beijing (China), 2012-Londres (Gran Bretaña), 2016-Río de Janeiro (Brasil).

Juegos Olímpicos de Invierno: 2010-Vancouver (Canadá), 2014-Sochi (Rusia), 2018- Pyeonghang (Corea del Sur).

Así, con la “venia” de los máximos dirigentes de las organizaciones deportivas mundiales, estos son los elegidos y como tal, están comprometidos con el planeta a brindar el mejor espectáculo posible. Un show que más que fraternal y deportivo, en los últimos tiempos se ha vuelto un alarde de poder tecnológico y capacidad de organización, y por supuesto, una vía para mostrar y garantizar la solvencia económica de todos aquellos con posibilidades de acoger estas citas.

En este mundo al revés, son unos pocos los que concentran la mayor parte de las oportunidades en detrimento de una asfixiada mayoría que clama por el derecho a recibir en su suelo a lo mejor del deporte internacional o regional. Cabe entonces pensar en la obligada interrogante: ¿permitirán los poderosos que los pobres sean parte también de la dicha y las dádivas del “deporte para todos” como imprescindible actividad humana?

La respuesta está ahí fuera, en las manos y acorde a la voluntad de esos pocos que dominan y que quizá, anden prestos por hacer suya la frase de Eduardo Galeano que reza: la historia es un profeta con la mira vuelta hacia atrás.

 

Especial para Cubahora

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