Pongo fin a mi producción en este 2011 con unas líneas para Yelena Isinbayeva, la rusa dorada, la zarina de la pértiga, la mujer que con mayor carácter se enfrenta a una competencia aún cuando por dentro hubiera preferido no competir.

Yelena teme a perder más que a cualquier otra cosa en el mundo.  Y ha perdido, sin dudas, pero creo que solo por ser quien ha sido, merece otra oportunidad.

Mientras todo el mundo se gasta un pedazo del día en cuestionar la posición real de Yelena Isinbayeva y disertan sobre su incapacidad de borrar la imagen de derrota que ha proyectado en sus últimas incursiones en las pistas; yo me cuestiono cómo es posible que no se valore la excepcional carrera que ha protagonizado esta muchacha y se le entregue un voto de confianza a su determinación y coraje.

Obviamente, este post va dirigido a los incrédulos -por cierto, que abundan -. Esos que jamás vieron en ella a la mujer que fue capaz de dominar el mundo, sino que celebraban los méritos de una figura robótica con la capacidad de saltar. Tuvo que ser así, porque de otra manera hoy valorarían lo hecho y pondrían esperanzas en su recuperación.

Quizás sea necesario citar algunas de sus hazañas deportivas, ahora devenidas en razones para justificar el por qué es muy pronto para querer enterrar su figura en el mundo enlodado de la crítica extrema.

La opinión pública suele ir de lo sublime a lo ridículo. Con Yelena se va al extremo negativo y olvida toda la obra facturada por esta chica, aún cuando es cierto que en sus últimos años ha exhibido un rendimiento bajo que la ha llevado a fracasar en sus últimas tres incursiones en campeonatos mundiales. Pero esto tiene sus bases en que, hasta 2009, la derrota para Yelena era casi desconocida; luego eslabona una cadena de salidas oscuras a la pista y la situación, por supuesto, ha propiciado una explosión mediática en detrimento de su figura.

Sin embargo, esta no es la primera vez que Yelena se estanca en sus rendimientos, solo que es en la que mayor retroceso ha mostrado. Se ha devuelto a sus inicios, registrando como mejor marca de la temporada un 4.76m que la posiciona en el límite de los resultados que obtuvo a sus 21 años de edad.

Ahora, no podemos ser ciegos, es prudente reconocer que Yelena no está en sus mejores momentos  pero ¿por qué dudar de su capacidad para recuperar su status de reina absoluta del salto con pértiga?;  revisemos en su carrera y veamos, por ejemplo, que:

1. Yelena ha mostrado la capacidad de resurgir, incluso desde sus cenizas. Fe de ello dan las 27 marcas mundiales establecidas en un deporte que fue una segunda opción para su vida. Recordemos que la gimnasia le robó los primeros 10 años de su incursión en el ámbito deportivo.

2. Entre 2006-2007, Yelena anduvo errática en sus intentos de mejorar las marcas al aire libre.  Todas sus incursiones sobre los 5.00m quedaron en el intento. Pero entonces llegó el año olímpico y su prodigiosa progresión regresó.

3. El circuito olímpico ha sido fantástico, ha protagonizado competencias que son verdaderas obras de arte, facturadas con categoría y determinación. En Atenas, llegó su primer título, aunque estuvo contra la pared, se sobrepuso y construyó su medalla con el valor adicional  que supone haber impuesto una nueva marca mundial. De esto también Beijing fue testigo, una cita a la que Yelena llegó “enojada” por comentarios inapropiados de una de sus rivales. La fuerza del enojo la catapultó hasta los 5.05m, un nuevo record sumado a su haber. Conseguido con otra competencia de ensueño en la que venció con dos saltos y luego sello de forma arrolladora, dejando en la discreta altura de 4.80 a la medallista de plata.

Son tres razones fuertes para depositar un poco de fe en una joven que ha estado en la élite del atletismo por más de una década y que ahora regresa a sus orígenes.
Los cambios de técnica, táctica y escenario de entrenamiento, combinados con las  lesiones han cortado un tanto su paso y por ello figura en un segundo plano al que -sin dudas- no pertenece.

Cabe considerar, además,  que Yelena no debe esforzarse tanto. El ambiente atlético  actual se ha estabilizado pero no ha sufrido cambios cuantitativos de consideración. Si hoy hay una marcada escases de registros superiores a los 4.85m es solamente porque la reina de las marcas espectaculares atraviesa por un momento de redefinición.

Por encima de todo, el mundo necesita que ella vuelva, porque de lo contrario estaremos sumidos en una nueva era de mediocridad dentro de una disciplina en la que desde hace mucho tiempo, la media de las competidoras solo alcanza resultados sobre los 4.80 y 4.85, en consecuencia, con un regreso parcial de Yelena a la élite, las probabilidades de victoria se inclinarían en más de un 90%  a su favor, máxime porque superar los 4.90 –altura de trámite para su condición- sería aval suficiente para pelear con credenciales por el título a cualquier nivel.

En lo que a mí respecta, no voy a renunciar a la confianza que le tengo porque ella misma se la ha ganado a lo largo de los años que llevo tras su huella. Hasta tanto  la zarina no derribe la varilla por tercera ocasión en agosto de 2012, seguiré estando a su lado  con toda la esperanza del mundo.

Sé que Cuba concentra expectativas en esa prueba, pero esta es una cuestión de inspiración personal y por consiguiente trasciende más allá del nacionalismo que suelo demostrar.

Londres encierra mucho mito, allí  Yelena sobrepasó por primera vez los 5 metros. Una altura que fue su obsesión – y que según sus propias palabras le quitaba el sueño-; ahora, en 2012 ella llega a Londres con otra obsesión, demostrar quién es Yelena Isinbayeva y quien ha sido la histórica dominadora de esa prueba en los últimos años….
Solo allí sabremos qué pasa…Psicológicamente es una competencia que pesa bastante y como ella misma dijera: «son los juegos olímpicos, nadie sabe qué puede suceder».

Este es mi criterio, es todo lo que creo.  A ustedes, solo les pregunto ¿Por qué no confiar? ¿Por qué no creer?….

El hecho de haber cedido terreno en los últimos tres años puede ser alarmante, pero si alguien merece un voto de confianza en esta historia es esa chica, cuyo único delito visible ha sido mostrar que tiene un lado humano y que siempre fue más que una máquina de saltar.

Grafitti: Cuando se trata de personas como esta atleta, las palabras sobran, solo basta mirar y agradecer por haber existido en épocas contemporáneas.